Dónde va cada pieza según el tráfico del grupo
Los degús viven en comunidad y se mueven en ráfagas entre la comida, la rueda y el baño, así que la ubicación se piensa para ese tráfico. Coloca la rueda donde una fila de espera no bloquee la botella de agua ni el comedero de heno, y acepta que muchos roces se resuelven con un degú dejando atrás corriendo al otro. Con el conjunto en marcha, observa dos cosas: si la rueda gira silenciosa y estable a toda velocidad o se balancea en su soporte, y si el plato del baño se desliza cuando dos degús aterrizan en él a la vez; todo lo que se desplace se ancla, se lastra o se reubica. Revisa cada semana los rodamientos y los soportes, porque una rueda que se traba en plena carrera o que se vuelca puede atrapar una pata.
Cuando un degú evita el baño o cambia su cuerpo
Que un degú evite el baño no siempre significa que bañarse no le guste. Puede encontrar la arena demasiado polvorienta o el plato muy expuesto, así que muévelo junto a un escondite y prueba un baño con capota antes de sacar conclusiones. La pérdida de pelo, un pelaje grasoso pese a baños regulares, una cojera o una pata hinchada sí ameritan una visita al veterinario de animales exóticos, porque en degús tan activos las patas y la piel sufren rápido. Vigila también la convivencia: si un degú monopoliza la rueda o el baño, duplicar el recurso termina con la mayoría de las disputas del grupo.
Una sesión al día, no un plato permanente
Deja el baño dentro del recinto durante un periodo fijado cada día, en su tramo activo de la mañana o de la noche, y retíralo al terminar. Un baño fijo se convierte rápido en letrina y en lugar para dormir lleno de excrementos, y en pocas horas casi toda la arena termina esparcida por la jaula. Durante la sesión, disfruta la rodada comunitaria, porque suelen hacer fila y meterse en montón. Al retirarlo, tamiza los restos y rellena la arena, y sustitúyela por completo cuando se apelotone o huela rancia. Un plato de esquina que no se vuelque, o un baño con capota, reduce el efecto fuente de arena sobre tu suelo.
Arena en vez de agua, pista sólida en vez de barrotes
Su pelaje se mantiene a la manera del desierto: rodando en arena fina que absorbe la grasa y retira los restos sueltos. Bañarlo con agua le causa estrés, le resulta innecesario y despoja a un pelaje adaptado a condiciones secas; muchos degús, en cambio, se lanzan en cuanto aparece el plato. El material correcto es arena de baño fina y de poco polvo, del tipo que se vende para chinchillas, servida unos centímetros profunda en un plato pesado de cerámica o vidrio, ancho para rodar y tumbarse por completo. Los polvos con textura de talco son el error opuesto: sus partículas irritan ojos y vías respiratorias, mientras el grano correcto limpia sin quedarse flotando en el aire. La rueda de un corredor tan dedicado se juzga con tres criterios:
- Superficie sólida siempre: nada de barrotes, malla o travesaños, que atrapan dedos y golpean colas.
- Pista ancha, para correr sin pegarse al borde.
- Diámetro grande, para que su espalda corra prácticamente plana y no arqueada, una postura que castiga la columna a lo largo de miles de vueltas nocturnas.
Fíjala con seguridad a la jaula o sobre un soporte pesado, a una altura a la que pueda subir de un salto sencillo, y lejos de la zona del baño, para que la arena arrastrada no vuelva granulosa la superficie. Ese mantenimiento se vuelve regular cuando tu hermano, que comparte la casa contigo, ordena en Care Teams de KinsLe el tamizado de la arena, las sesiones de baño y la revisión semanal de la rueda, y marca cada tarea como completada con la hora registrada.