Coloca primero el cuándo y el cuánto, porque de eso depende que la propuesta le resulte aceptable. La mayoría de las gatas reacias acepta unos cinco minutos de juego, dos veces al día, con una de las sesiones situada inmediatamente antes de una comida, para que la cacería termine en alimento como ocurriría al aire libre. Una gata profundamente dormida al anochecer o digiriendo la comida se negará, y esa negativa es cuestión de horario, no de carácter; ofrécelo de nuevo en sus horas naturalmente despiertas, a menudo la primera hora de la mañana y el anochecer. Entre sesiones, construye distancia dentro de la vida ordinaria: esparce diez o doce piezas de su ración normal por un cuarto o a lo largo de un pasillo en lugar de entregarlas en un plato, pon parte de una comida en un comedero rompecabezas que ya entienda y sitúa el rascador, una percha y el agua en puntos distintos, para que la ronda diaria implique caminar, trepar y elegir.
Novedad que rota sin comprar nada
Retira cada juguete tras la sesión y saca una textura o un movimiento distinto después de unos días de ausencia; la ausencia restaura el interés con más fiabilidad que una pila creciente en el suelo. Una bolsa de papel sin las asas, una caja de cartón con agujeros de entrada o una bolita de papel arrugado lanzada bajo una puerta también cuentan, y muchas gatas perezosas prefieren estos juegos irregulares, manejados por su persona, a los juguetes elaborados que se mueven solos mientras nadie se relaciona con ella. Ten en cuenta sus preferencias: unas persiguen plumas, otras emboscan juguetes que van por el suelo y otras solo juegan desde dentro de una caja o un túnel donde se sienten escondidas. El juego correcto es el que ella pide dos veces, no el que a la casa le parece más bonito.
La sesión se mueve como una presa
Mueve el juguete como se mueve una presa: alejándose de ella, cruzando su línea de visión, rodeando los bordes de los muebles y quedándose quieto. La presa no carga contra un gato ni se balancea ante su cara, y se congela, que es justo lo que dispara la postura agazapada, el temblor de cola y el salto. Trabaja en ráfagas de veinte o treinta segundos con pausas entre ellas, porque cazar de verdad es sobre todo mirar y acechar, y una gata tímida o con sobrepeso se comprometerá con un acecho mucho antes que con una persecución. Para mientras aún esté interesada, idealmente justo después de una captura lograda que pueda agarrar y patear. Terminar pronto deja apetito para mañana; insistir hasta que se aparte le enseña que las sesiones duran más que su diversión, y así es exactamente como el juego se convierte en la obligación que la pregunta describe. Un juguete que capture debería entregar a veces un trocito de comida, completando la secuencia cazar, atrapar y comer que su instinto espera.
Cuando la pereza es una señal de salud
Una gata de interior «perezosa» rara vez rechaza el ejercicio por terquedad. Más a menudo, el juego se ha vuelto previsible, demasiado largo, mal programado o ligeramente incómodo, y ha aprendido que la aparición de la varita significa veinte minutos de insistencia. Pero si antes era activa y se ha vuelto reacia, si se mueve rígida tras descansar, duda ante saltos que antes hacía con facilidad, se esconde más o gana peso deprisa a pesar de la comida medida, detén el plan de ejercicio y reserva una revisión veterinaria. El dolor, en especial el de las articulaciones, hace que los gatos abandonen el movimiento en silencio, y animar a una gata dolorida a perseguir con más ganas es la respuesta equivocada a lo que puede ser un problema tratable. Una vez revisada, aumenta la duración de las sesiones o la distancia del esparcido gradualmente durante semanas, y pésala cada mes para que el progreso se mida en lugar de solo esperarse. Con KinsLe, el parte de Care Teams deja ver a qué hora tu hija adulta cerró la sesión corta de caza y repartió las piezas de la ración por el pasillo.