Quien vive en un apartamento suele disculparse por una ventana que da a la calle en vez de a un jardín, como si su gato se perdiera el único programa que vale la pena. Los gatos juzgan una vista por el movimiento, no por el paisaje. Una calle ofrece palomas pavoneándose en alféizares de enfrente, personas que llegan con bolsas, perros que pasan por debajo, autobuses que entran y salen y líneas de tejados cruzadas sin parar por pájaros. Un césped puede reunir menos interés felino en una semana que una esquina concurrida en una sola mañana, siempre que el gato tenga un sitio cómodo y seguro desde donde mirar.
Construir el acceso por etapas fáciles
Llega a la percha por etapas sencillas en vez de esperar un salto atlético desde el suelo. Organiza una ruta que tu gato pueda caminar: del suelo a un taburete bajo o una caja de almacenaje, de ahí a una repisa, el respaldo de una silla o la cubierta de un radiador, y de ese escalón a la propia percha. Cada etapa debe ser estable, estar lo bastante cerca de la siguiente para un paso y no un salto, y tener una superficie donde las uñas se agarren al aterrizar. Deja que descubra la ruta durante unos días, colocando una golosina en cada etapa por turno, y no lo levantes nunca hasta la percha alta dejándolo ahí, porque un gato que no ha subido una ruta todavía no sabe bajarla y puede saltar toda la altura presa del pánico ante un ruido.
Convertir la percha en una cita diaria
Una percha se convierte en rutina cuando las cosas buenas ocurren ahí a horas fijas. Celebra sesiones de juego junto a la percha a horas establecidas, por la mañana y por la noche por ejemplo, haciendo subir un juguete de varita por la ruta escalonada para que la propia subida forme parte del juego. Ofrece una comida o una golosina en el escalón inferior o junto a la percha a esas horas cuando la subida ya sea segura, para que el sitio huela a premios además de a vistas. Un único horario visible sostiene la cita.
Elegir la ventana más concurrida del apartamento
Inspecciona tus ventanas a distintas horas antes de elegir, porque la más concurrida es la que mantiene un movimiento constante durante el día, y no una ráfaga a la hora del colegio. Una ventana frontal sobre una calle, una lateral frente a tejados y chimeneas donde se reúnen los pájaros o una de cocina sobre un patio compartido sirven si ahí fuera algo se mueve con fiabilidad. Sea cual sea la elegida, la ventana permanece cerrada mientras la percha se usa, o lleva una mosquitera segura que un gato apoyado no pueda empujar, porque una percha invita a apretarse contra el cristal. Vigila el cristal: una ventana a pleno sol puede convertir la percha en una plancha en verano, y un marco con corrientes la vuelve poco acogedora en invierno, así que elige donde coincidan movimiento y temperatura tolerable.
Fijar la percha con seguridad y probarla tú
Fija la percha a la pared o al marco de la ventana según su diseño, con fijaciones adecuadas a tu tipo de pared, porque las ventosas solas sobre un cristal limpio pero húmedo son una apuesta con un gato pesado y un suelo duro. Una vez instalada, pruébala con tu peso presionando con firmeza con ambas manos, muévela hacia los lados y deja una pila de libros sobre ella toda una noche antes de invitar al gato a bordo. La superficie debe bastar para tumbarse y girarse, con un cojín lavable que agarre en vez de deslizarse, y un borde bajo ayuda a un gato dormido a sentirse delimitado. Una percha que se flexiona o se desplaza bajo carga enseña a desconfiar de ella para siempre, y cualquier movimiento en las fijaciones obliga a reinstalarla bien. Tu compañero de casa lleva en Care Teams, dentro de KinsLe, las sesiones matinales y nocturnas junto a la percha y la revisión de la ruta de subida, anotando la hora después de cada cita.