Arañar es normal; el problema es el lugar elegido
Tu gato no araña el brazo del sofá para fastidiar. Arañar mantiene las uñas en buen estado, estira hombros y espalda y deja olor procedente de glándulas situadas en las patas. Castigar esa conducta, por tanto, apunta al blanco equivocado y a menudo solo traslada el comportamiento a los momentos en que no estás en casa. El objetivo viable para este gato es más estrecho: conservar el arañado y cambiar la superficie. Ese trabajo empieza por aceptar el lugar exacto que él ha elegido, porque esa ubicación, cerca de un sitio de descanso, de una puerta o de una habitación concurrida, forma parte del motivo por el que araña precisamente ahí.
La superficie nueva va pegada a su sitio favorito
Coloca un poste o una alfombrilla rascadora inmediatamente frente a la superficie que usa, y no al otro extremo de la habitación donde a ti te gustaría tenerla. Un poste alto y estable conviene a un gato que se estira hacia arriba en el marco de una puerta; una alfombrilla plana o con una ligera inclinación conviene a quien rasca la alfombra o la pata baja de una silla. La estabilidad importa más que el aspecto, porque un poste que se tambalea cuando él se apoya recibirá un solo intento antes del abandono. Cubre de forma temporal la superficie original con una manta lisa o apoya un mueble contra ella, para que la opción vieja y fácil quede menos disponible mientras él descubre la nueva.
Haz que la opción correcta merezca la pena
Atrae a tu gato hacia la superficie nueva en vez de llevarlo en brazos y presionarle las patas contra el material, una maniobra que la mayoría de los gatos rechaza. Arrastra una varita hacia arriba y a través del poste para que sus uñas se enganchen de forma natural en el tejido, prémiale después y deja que complete el arañado. Mantén esas invitaciones cortas y ciérralas mientras él aún muestra interés. Si vuelve al mueble cubierto, interrumpe con calma, recupera su atención con el juguete y premia de nuevo la superficie correcta. Repetir ese mismo intercambio, en ese mismo sitio, es lo que convierte un acierto aislado en su opción por defecto.
Mueve el poste solo cuando el hábito ya cambió
Cuando elija el poste por su cuenta durante varios días seguidos, ya puedes desplazarlo hacia el lugar donde prefieres conservarlo, un palmo cada vez y con días de pausa entre movimientos. Trasladarlo de un salto suele reactivar el arañado en el mueble, porque la superficie buena ha desaparecido del lugar donde ocurre el arañado. Deja una segunda superficie aceptable cerca de su zona de descanso si también araña al despertar, ya que muchos gatos arañan como parte de ese primer estiramiento y usarán lo adecuado que tengan más cerca.
Revisa uñas, estrés y dolor si el arañado cambia de golpe
Una preferencia antigua por un mueble es un asunto de aprendizaje, pero un cambio repentino merece una mirada más atenta. Unas uñas demasiado largas o partidas pueden volver el arañado más frenético, así que comprueba si las uñas mismas necesitan atención de tu veterinario o de un profesional del aseo. Un gato que empieza a arañar puertas o paredes tras un cambio doméstico puede estar marcando por inseguridad y no manteniendo sus uñas, y ese gato necesita que se atienda también la alteración de fondo, además del poste. Si el arañado viene acompañado de cojera, patas mordidas o resistencia a saltar, pide a tu veterinario que lo examine antes de tratar el asunto como un problema de hábito.
Que toda la casa refuerce la misma superficie
La redirección se derrumba cuando una persona premia el poste y otra grita al sofá, porque el gato aprende sobre las personas y no sobre las superficies. KinsLe ayuda a que la casa se mantenga alineada mediante Care Teams, donde la breve sesión diaria de juego junto al poste y una nota sobre si lo usó pueden entregarse a quien esté en casa, con las revisiones completadas marcadas con su hora para que el progreso sea visible para toda la familia.