El pelo corto del labrador engaña a mucha gente. Parece que no pide nada. Pero es un manto doble, denso y repelente al agua, que suelta pelo todo el año y mucho más dos veces al año.
El nadador se revisa primero por los oídos
Las orejas caídas y la costumbre de meterse al agua a cada rato forman la combinación débil de esta raza. El canal queda cálido y húmedo, justo el ambiente donde aparecen los problemas.
Seca la parte externa de la oreja después de cada nadada. Una vez por semana mira adentro y busca enrojecimiento, cera oscura u olor a levadura.
Si se rasca sin parar, sacude la cabeza o hay secreción, pide una revisión veterinaria. Las infecciones de oído son comunes en labradores y la limpieza en casa no llega al fondo del problema.
Las uñas también cuentan en esta revisión. Recórtalas cada dos a cuatro semanas, porque un perro pesado y activo con uñas largas apoya mal el peso sobre los dedos.
Bañar sin arruinar un manto hecho para el agua
Para la mayoría de los labradores, un baño cada cuatro a seis semanas alcanza. La capa externa guarda aceites naturales que le dan ese tacto resistente al clima.
Bañar demasiado seguido o con un champú muy fuerte deja el pelo opaco y blando, y hace que junte más suciedad. La vida real manda sobre el calendario: si se revuelca en algo con olor fuerte o se mete al agua más sucia que encuentra, ese día toca baño sin esperar.
Entre baños, enjuaga solo con agua limpia después del mar, para quitar la sal, y después de una piscina con cloro. Guarda el baño completo con champú para la fecha prevista.
Un olor fuerte que vuelve a los pocos días del baño, o una piel grasosa y con escamas, merece una charla con tu veterinario. Más lavados no resuelven ese cuadro.
Cepillado breve, constante y jamás rapado
Una vez por semana pasa un cepillo de goma tipo curry o uno de cerdas firmes, primero a contrapelo y luego a favor, para soltar la capa interna muerta. Termina pasando una mano húmeda sobre el manto para recoger lo que el cepillo levantó.
Diez minutos suelen bastar. El resultado se nota en el cepillo y no en montones de pelo por el piso.
En primavera y otoño sube a dos o tres sesiones por semana durante algunas semanas. La capa interna sale en nubes suaves, y retirarla ayuda a que el pelo nuevo se acomode y a que el aire llegue a la piel.
Nunca rapes a un labrador para el verano ni para frenar la muda. Su manto doble aísla del calor, repele el agua y protege la piel del sol y de raspaduras; la muda es el sistema funcionando, no un defecto.
Al cepillar, pasa las manos por todo el cuerpo. Palpa bultos bajo la piel, busca garrapatas en axilas e ingle y revisa almohadillas agrietadas tras el pavimento frío del invierno, y anota lo que encuentres para comentarlo si hace falta. En KinsLe, con Care Teams asigna el cepillado semanal, el secado de oídos después de nadar y el corte de uñas a ti o a otro cuidador con nombre, y cada tarea queda marcada con la hora registrada.