Empieza por las manos, no por la báscula. La báscula mide masa; tus manos miden condición, y la condición es lo que de verdad importa en un cachorro que crece. Pasa las palmas con suavidad sobre su caja torácica: deberías sentir cada costilla bajo una cobertura fina, sin apretar fuerte y sin que una capa acolchada esconda el contorno. Míralo desde arriba buscando una cintura detrás de las costillas, y de lado buscando un vientre que se recoge hacia arriba en vez de colgar a la altura del pecho. Los huesos de la cadera y la columna no deben sobresalir con filo, y en la mayoría de las razas las costillas nunca deberían verse desde el otro lado de la habitación; pero un cachorro al que no le sientes las costillas en absoluto carga más que crecimiento. Aprende la puntuación de condición corporal con tu veterinario en una visita temprana y practícala en casa cada semana.
La curva manda, no una pesada suelta
Una sola lectura dice casi nada; la línea que une las lecturas lo dice casi todo. El crecimiento sano se ve como una subida constante que sigue el tamaño adulto esperado sin oscilaciones violentas: más rápida en los primeros meses, más suave cuando el cachorro se acerca a la madurez, con pequeñas mesetas que se resuelven solas. Lo que sí merece una conversación con el veterinario es un cambio en la forma de esa línea: un crecimiento que se aplana mientras los hermanos de camada, de padres parecidos, siguen subiendo; una caída repentina; o una subida tan empinada que la condición se acumula más rápido de lo que el esqueleto puede explicar.
Pésalo con un ritmo regular mientras el crecimiento es rápido, usando siempre la misma báscula, y anota la lectura junto a su apetito, su energía y su condición general. La báscula de la clínica es ideal, porque la visita también le enseña que ese lugar es amable. En casa, un cachorro pequeño puede pesarse en una báscula de cocina dentro de un recipiente o transportín, siempre que el método sea idéntico para que las lecturas se puedan comparar. Si la condición se desvía hacia cualquier lado, ajusta la comida en pasos pequeños con la guía de tu veterinario y vuelve a revisar pasadas dos semanas, en vez de perseguir lecturas diarias.
Parte del adulto en el que se va a convertir
La pregunta útil no es cuánto pesan los cachorros en general, sino qué se espera que sea este cachorro. Un número único es justo lo que una guía honesta no puede darte, y cualquier tabla que ofrezca una cifra para cada cachorro de una edad merece sospecha. Pregunta al criador o al refugio por el tamaño de ambos padres y pide a tu veterinario que lo convierta en un rango adulto esperado para tu cachorro. Solo como ejemplo: un cachorro de raza toy puede estar cerca de su peso adulto a una edad en la que uno de raza gigante todavía tiene por delante la mayor parte de su crecimiento, y ambos pueden estar perfectamente sanos el mismo día con lecturas muy distintas. Un cachorro de dos padres conocidos trae un futuro bastante legible; uno mestizo, con un padre desconocido, trae una estimación más amplia que el veterinario irá afinando con los datos de crecimiento. Escribe ese rango esperado, porque cada pesada posterior solo significa algo leída contra él. Resiste la tentación de compararlo con el cachorro de un vecino, con un hermano que fue a otra casa o con fotos en internet: alimentaciones distintas, historiales de desparasitación distintos y la simple variación individual mueven las lecturas dentro de una banda sana. Al final, el registro compartido funciona si tu madre lleva las pesadas y las notas de condición corporal de tu cachorro en KinsLe mediante Care Teams, sellando cada una con la hora registrada.