Hay hogares para los que esta raza es directamente la elección equivocada, y conviene decirlo primero: quien estrena perro y busca algo fácil y de bajo esfuerzo, quien tiene niños muy pequeños y nada de tiempo para entrenar, o quien se siente atraído sobre todo por la imagen de guardián, debería elegir otra raza. Para el dueño comprometido, en cambio, el dóberman puede ser uno de los perros familiares más devotos que existen, aunque esa devoción se construye y no se compra.
El trabajo diario detrás de la reputación
Este perro necesita ejercicio considerable, entrenamiento de verdad y un trabajo para su mente todos los días. Un dóberman con poca actividad y poco entrenamiento se vuelve inquieto, mordelón y mucho más propenso a decidir mal cerca de los niños. Planea paseos estructurados y entrenamiento integrado en la vida diaria. Nadie debería dejarlo solo en un patio durante días largos. La fuente importa enormemente: padres con temperamentos estables y amistosos y revisiones de salud adecuadas, o un adulto cuyo comportamiento con niños se pueda observar directamente.
Proteger sin pasarse: moldear el instinto
Los dóberman se apegan con intensidad y leen el estado de ánimo de su familia. Esa protección reconforta en una noche oscura y complica una fiesta infantil si el perro decide que un ruidoso juego de persecución parece un ataque contra su niño. Socializa al cachorro de forma amplia y tranquila, con visitas de todas las edades bien recibidas en casa. Deja que observe a niños jugando a una distancia cómoda y premia su observación relajada. Mantén esa exposición durante la adolescencia, cuando el instinto de guardia madura. Los niños que vienen de visita se presentan con la misma calma que los adultos.
Tamaño, fuerza y física simple
Un dóberman es un perro grande, musculoso y atlético, y un adolescente bullicioso puede mandar volando a un niño pequeño con un choque de hombro lleno de alegría y sin nada de malicia. Supervisa todo el juego y enseña temprano una orden fiable de tranquilizarse en su sitio y de venir cuando se le llama. Los juegos bruscos quedan para el exterior y con niños mayores. Los niños también aprenden las reglas de la casa: nada de subirse encima del perro, nada de molestarlo mientras come o duerme y nada de provocarlo a través de cercas o ventanas, algo que puede crear frustración en una raza territorial. Tu padre queda a cargo de las salidas de socialización, los paseos y las sesiones de entrenamiento de tu dóberman, y cada tarea se marca como completada con la hora registrada en Care Teams de KinsLe.