Un Cocker Spaniel ladra una cantidad moderada, con un sabor propio: es un ladrido excitable y sociable, no suspicaz ni territorial. Un Cocker ladra porque algo está pasando, el timbre, el regreso de su persona, el inicio de un juego u otro perro en el parque, y el ladrido llega con el cuerpo moviéndose. Quien convive con uno rara vez lo describe como un perro callado, pero tampoco suele ser una molestia cuando sus necesidades de ejercicio y compañía están cubiertas, porque gestionar su excitación gestiona el ruido.
El ejercicio y el trabajo de nariz hacen el trabajo pesado
Más problemas de ladrido de Cocker se resuelven con la agenda que con entrenamiento específico contra el ladrido. Es una raza activa que necesita un paseo diario con olfateo libre, no una marcha con correa, más juego y sesiones de entrenamiento que le hagan pensar. El trabajo de olfato le sienta bien a la nariz del Cocker: esconde premios o su juguete por el jardín o una habitación, esparce parte de una comida en la hierba para que la busque y deja que use el equipo con el que fue criado. Un perro que ha trabajado nariz y patas se asienta en casa en un nivel en el que un timbre es un acontecimiento y no una explosión. Después pule los momentos con la rutina de puerta y golpes planeados: deja que el perro anuncie, llámalo a una alfombra, recompensa la calma y saluda a las visitas cuando haya un silencio que recompensar. Mantén tus llegadas aburridas durante el primer minuto, sin reencuentros agudos hasta que el perro tenga las cuatro patas en el suelo y un cuerpo tranquilo, y evita gritar por encima del ladrido, que un Cocker sociable lee como que la familia se une al coro, igual que castigar su ladrido de saludo, porque apagar su alegría no es ni amable ni necesario cuando la gestión de la excitación funciona.
De dónde viene ese ladrido
La raza se desarrolló como perro de caza, trabajando cerca de las personas, levantando piezas y respondiendo a voz y silbato. Esa historia dejó a un perro atento al movimiento y al sonido, deseoso de reaccionar e inclinado a vocalizar cuando la excitación alcanza su máximo. Los Cocker de tipo exposición y los de tipo trabajo difieren algo, con las líneas de trabajo más ocupadas, con más impulso y rápidas para ladrar por energía contenida, así que pregunta qué tipo estás mirando y conoce a los padres. En casa, los desencadenantes son llegadas y salidas, timbres y golpes en la puerta, la actividad de la calle desde una ventana y la acumulación previa a paseos y comidas. Muchos Cocker ladran jugando y para invitar a un juego, a personas y a otros perros, y eso es comunicación y no conducta, mientras que el ladrido al quedarse solo sí ocurre, sobre todo en un perro joven que aún no ha aprendido a asentarse en solitario, y suele señalar aburrimiento o frustración más que una angustia por separación, aunque los signos persistentes merecen una conversación veterinaria para descartar ansiedad y dolor.
Cómo juzgar el nivel de tu perro
La prueba útil es el tiempo de recuperación. Un Cocker ladra ante el desencadenante, saluda o investiga, y se calma en uno o dos minutos cuando la excitación pasa. Un perro que sigue alterado, ladrando a los ecos del acontecimiento mucho después, caminando e incapaz de aceptar un premio o de asentarse, te está diciendo que a su día le falta una válvula de escape. Fíjate en si el ladrido ocurre en puntos previsibles de excitación, que el entrenamiento maneja bien, o si llena tramos vacíos cuando no hay nadie en casa. En ese caso apunta a la rutina, no al perro.
Repartir los paseos, los juegos de olfato y la práctica de puerta para que ocurran cada día, esté quien esté en casa, es la constancia que esta raza excitable necesita, y en KinsLe, Care Teams deja los paseos diarios, los juegos de olfato y la práctica de puerta de tu Cocker asignados a ti o a otro cuidador con nombre, con la hora registrada al marcar cada uno como hecho.