El cordero cocido puede entrar en la lista de premios de un gato en poca cantidad, siempre que llegue como carne simple y nada más. Es una carne roja sabrosa que muchos gatos disfrutan, pero las condiciones importan más que la carne: lleva más grasa que las opciones magras, suele llegar condimentado o con salsa, y su versión asada trae huesos que dejan de ser seguros al cocerse.
La trampa del asado familiar
Casi todo el cordero que un gato conoce se cocinó para personas, y las personas lo preparan con justo lo que un gato debe evitar. Los aliños de ajo y romero, la cebolla en la salsa, los jugos salados de la sartén y la jalea de menta convierten una carne simple en algo inadecuado, aunque empezara como un corte sin condimentar. Si la pieza se sazonó antes de asarse, da por hecho que la carne exterior carga ese condimento y reserva la porción entera para los platos humanos. El patrón más seguro es cocinar aparte un trozo pequeño y simple para el gato antes de condimentar la pieza familiar, y guardarlo separado de las sobras para que nadie los confunda en la nevera.
Preparar la porción del gato
Elige un corte sin hueso y sin piel, o retira hueso y piel tú con cuidado, pasando cada trozo entre los dedos para palpar los fragmentos que el cuchillo haya podido dejar. Recorta la grasa visible de los bordes antes de cocinar, porque la grasa del cordero es rica, lenta de digerir en cantidad y la causa más probable de unas heces sueltas posteriores. Cocina la carne por completo y de forma simple, sin añadir nada en ninguna fase: ni aliño de ajo o hierbas, ni marinada, ni costra de sal, ni salsa de menta o jugo vertido sobre la carne terminada. Corta el cordero cocido en trozos pequeños, del tamaño de su boca, déjalo enfriar y ofrécelo como premio o adorno modesto sobre la comida completa habitual, nunca como comida solo de carne: el cordero solo no aporta todo lo que un gato necesita cada día.
Huesos cocidos: nunca, sin excepción
Un hueso de cordero cocido no se ablanda en la boca: se astilla y produce trozos afilados que pueden cortar las encías, atascarse en la garganta o dañar el tubo digestivo más adelante. Esto vale para el hueso grande de la pierna que a veces se entrega como mordedor, para los huesos de las costillas y para las astillas pequeñas escondidas en la carne sobrante. Mantén la bandeja, la carcasa y los restos fuera de su alcance, y echa los huesos a un cubo cerrado: el olor del asado atraerá a cualquier gato a investigar una bolsa abierta o una encimera baja.
Cantidad y frecuencia: la riqueza manda
Unos trozos pequeños bastan como premio, dentro de una parte pequeña de la ingesta del día, para que la dieta completa siga haciendo el trabajo nutricional. El cordero funciona mejor como extra ocasional que como adorno diario, tanto por su grasa como porque alternar carnes ricas durante la semana dificulta descubrir qué alimento causó un malestar cuando aparece. Sírvelo solo la primera vez, en cantidad modesta, y observa durante el día siguiente si hay heces sueltas, vómito, gases o una comida rechazada. Un gato que reacciona una vez ya te dio la respuesta, y el cordero debe salir de su lista de premios en lugar de volver a probarse una y otra vez.
Una nota hecha en el momento de servir evita que otra persona repita el experimento al día siguiente sin saberlo. En KinsLe, tu padre deja en Care Teams constancia de esa primera porción de cordero y de cómo respondió tu gato, con la hora anotada junto al aviso.