Reserva un campo propio para los incidentes y la conducta inusual, sin mezclarlo con un tranquilizador todo fue bien. Objetos mordidos, escapadas o intentos de escapada, peleas, vómitos, cojera, esconderse, un apego excesivo o un perro simplemente más apagado de lo normal pertenecen a este campo, descritos con claridad y con el momento en que ocurrieron.
A continuación llega el cierre práctico: la comida y los suministros restantes, para que sepas qué queda, qué se acabó y qué hay que reponer antes de la siguiente estancia, y también si la persona tuvo que improvisar porque algo de lo que dejaste se quedó corto. Estos detalles protegen tanto a la siguiente persona que lo cuide como a ti, porque el reporte se convierte en la versión corregida de las instrucciones que escribirás la próxima vez.
La casa y cómo actuar ante algo preocupante
El último campo es la casa dejada tal como se encontró: cualquier cosa rota, dañada o que no funcione, particularidades de alarmas o de la calefacción y cualquier cosa sobre la propia vivienda que la persona crea que deberías saber. Después lee el reporte el mismo día de tu regreso y no una semana más tarde.
Todo lo preocupante que contenga, como un patrón de medicamentos que salió mal, una lesión, una negativa repetida a comer o una conducta que no suena a tu perro, merece una llamada con esa persona ese mismo día, mientras los recuerdos están frescos y los detalles todavía pueden precisarse, y una consulta con tu veterinario cuando la preocupación sea de salud. Agradece la franqueza de forma concreta; el reporte que recibe reconocimiento es el reporte que seguirá llegando.
Medicamentos realmente administrados, con sus horas
El primer campo es el de los medicamentos realmente administrados, con sus horas. No el plan: la realidad. Si una dosis llegó tarde, fue rechazada, salió escupida o se perdió, el reporte debería decirlo con claridad, porque los huecos en la medicación son información médica que tu veterinario puede necesitar y porque una persona que admite una dosis perdida es una persona en la que puedes confiar para la siguiente estancia.
Este campo también destapa problemas prácticos que merece la pena resolver: una pastilla que el perro solo acepta escondida en la comida, unas gotas contra las que se resiste o una rutina que chocaba con los paseos. Pide esta información sin reproche incorporado, o recibirás tranquilidad en lugar de hechos.
Apetito, agua, necesidades, ejercicio y sueño
Los campos centrales describen cómo vivió el perro esos días. Apetito y agua: si comió las comidas con ganas, las picoteó o las rechazó, y si su forma de beber parecía normal, porque un cambio de apetito sostenido durante varios días es una señal de salud que un solo día no ofrece. Necesidades: accidentes, heces blandas, esfuerzo o cambios respecto a su patrón habitual, anotados con una hora aproximada.
Ejercicio realmente realizado: qué paseos ocurrieron, cuánto duraron y si alguno se acortó o se saltó, ya que la inquietud de un perro con poco ejercicio al volver a casa se interpreta mal sin ese dato. Sueño: si se acomodó por la noche en su lugar habitual o estuvo despierto, dando vueltas o intranquilo, porque varias noches rotas durante una estancia apuntan a una ansiedad o una molestia que conviene entender antes del próximo viaje. Todo esto se acuerda antes de la estancia, porque el reporte del día de regreso, escrito al volver tú, es un documento distinto de la hoja de instrucciones que dejaste al marcharte: aquella decía lo que debería ocurrir y este dice lo que ocurrió, y la distancia entre ambos es justo lo que necesitas saber.
KinsLe impide que el relato de cada estancia se pierda en un hilo de mensajes, porque su Pet Passport guarda el reporte junto a medicamentos, rutinas y datos veterinarios para la siguiente persona que lo cuide.