Halloween concentra en una sola noche casi todo lo que estresa a un gato: dulces que no debe probar, desconocidos disfrazados, timbres constantes y una puerta que no para de abrirse. La buena noticia es que los riesgos se controlan con decisiones tomadas antes de que oscurezca: dulces bajo llave, un cuarto tranquilo preparado y un plan listo por si tu gato se escapa entre visita y visita.
Antes de que lleguen las visitas: dulces fuera del mapa
El chocolate es tóxico para los gatos, y cuanto más oscuro y concentrado, más peligrosa resulta una cantidad pequeña. También preocupa el xilitol, que puede aparecer en la etiqueta como azúcar de abedul, presente en chicles sin azúcar, mentas y algunas golosinas con sabor a mantequilla de maní. Las pasas de ciertas cajitas de merienda tampoco son seguras. Aunque los gatos suelen atacar menos los dulces que los perros, un gato curioso lame chocolate derretido, muerde envoltorios y tira caramelos pequeños de la mesa. Guarda todo en un armario cerrado o en un recipiente con tapa en un estante alto, deja las bolsas de los niños lejos del suelo y recoge enseguida los envoltorios caídos, porque el papel metálico y el plástico también dañan si se tragan. Si crees que tu gato comió chocolate o algo sin azúcar, llama de inmediato a tu veterinario o a una clínica de urgencias en lugar de esperar síntomas.
Durante la noche: la puerta manda
Cada grupo que pide dulces significa puerta abierta, ruido y una vía de escape, y hasta un gato tranquilo puede salir disparado cuando el timbre suena por vigésima vez frente a un extraño disfrazado. La medida más sencilla es instalar a tu gato en un cuarto trasero cerrado mucho antes de la primera visita, con agua, arenero, cama y una manta con un olor familiar. Pega en esa puerta un aviso claro de que hay un gato dentro y debe permanecer cerrada, para que familiares y visitas no entren por descuido. Si tu gato debe quedarse en la zona principal, usa una barrera para bebés o mantenlo tras una segunda puerta interior cada vez que se abra la de la calle.
Disfraces y decoración: menos es más
Un disfraz holgado, que tapa orejas u ojos o lleva cintas, cascabeles o botones colgando, estresa a tu gato y además le ofrece piezas para tragar. La mayoría está más a gusto sin disfraz; si le pones uno para una foto rápida, supervísalo todo el tiempo, que sea breve y retira al momento cualquier parte masticable. Revisa también la decoración: una vela encendida dentro de una calabaza puede quemar bigotes o volcarse, la telaraña falsa puede enredarse y tragarse, y las barritas luminosas irritan la boca si se muerden. Elige velas de batería, mantén las telarañas fuera de su alcance y deja en su cuarto tranquilo una caja o cama cubierta donde esconderse y no participar en la fiesta.
Si aun así logra salir
Actúa rápido y con calma: busca primero en casa, luego en tu patio y en los de los vecinos cercanos, llamándola en voz baja y agitando un recipiente de premios que reconozca. Deja cerca de la puerta por la que salió una cama familiar y una prenda tuya, y revisa los escondites al anochecer y al amanecer, cuando un gato asustado se mueve más. Tener su perfil gratuito creado antes de Halloween significa que la alerta puede salir en el momento en que la necesitas, sin perder minutos rellenando datos. Con ese perfil listo en KinsLe, Lost Pet Alert System muestra su aviso en el mapa y permite que quien la encuentre te escriba directamente, para que un avistamiento llegue a ti sin perderse entre publicaciones.