Social, desde luego, pero sobre un regazo y no a todo volumen. La compañía de un laperm es física y tranquila: busca a su gente, se instala encima de ella y mantiene sus comentarios tan suaves que muchas personas escuchan ronroneos con mucha más frecuencia que maullidos.
Nada de gato solitario
La independencia no es el fuerte de esta raza. Es cariñoso con las personas y suele seguir a su favorita entre habitaciones, aceptar un hombro cuando se lo ofrecen y preferir un hogar donde haya alguien buena parte del día. Puede entretenerse un rato con juguetes y una ventana. Pero un laperm solo durante tramos largos día tras día puede volverse pegajoso o apagado en vez de felizmente autosuficiente. El trato suave le sienta bien, y los niños que se sientan y dejan que el gato se suba, en lugar de cargarlo de un lado a otro, suelen convertirse en sus favoritos.
Hábitos pequeños que le sientan bien
El contacto tranquilo y frecuente funciona mejor que las sesiones largas y ocasionales:
- Ofrece un regazo, una manta y unos minutos de calma en los mismos momentos de cada día
- Mantén un cepillado suave semanal en un mismo lugar, para recoger el pelo suelto en vez de repartirlo
- Atiende pronto sus peticiones suaves, antes de que un gato educado sienta que debe repetirlas
- Dale un descanso alto y cálido cerca de donde la familia se sienta por la tarde
- Presenta visitas y cambios poco a poco, con un refugio que él pueda elegir
Dale tiempo a cada hábito antes de juzgarlo. Su confianza crece con la repetición, y el gato que parece reservado la primera semana suele ser el que está desparramado sobre ti en la tercera.
Contacto antes que palabras
Gran parte de su comunicación no necesita sonido: topes con la cabeza, amasar con las patas y el acto sencillo de llegar y quedarse. Habla con voz pequeña y solo moderadamente a menudo, por lo general cuando quiere atención, comida o un sitio sobre ti que en ese momento ocupa un libro. Esa presencia sin banda sonora lo hace fácil de convivir en un apartamento o en una casa donde se trabaja desde casa. Si un laperm se vuelve inusualmente vocal, o si deja de buscar regazos y se retrae, está cambiando su patrón normal: míralo de cerca y, si persiste, coméntalo con un veterinario.
Una cercanía que merece entregarse bien
Su apego se construye con detalles muy concretos: de quién es el regazo, cuál es la manta y cómo se ordena la tarde. Si este gato cambia de hogar algún día, ese conocimiento debe moverse con él y no perderse. A través de Transferrable Profiles de KinsLe, el perfil de un laperm llega a su nuevo dueño con sus rutinas y su historial de cuidados, para que la nueva casa ofrezca las mismas comodidades familiares desde el principio.