Sí, y ambos objetos son riesgosos por razones casi contrarias. La barrita luminosa es un problema de irritación química: tu perro la perfora por curiosidad y se llena la boca de un líquido de sabor desagradable que escuece. El tubo de confeti es sobre todo un problema de ruido y restos. Una explosión seca suena a la altura de sus oídos y, después, quedan confeti, papel y piezas de plástico por el suelo. Una fiesta con ambos sueltos por el piso es una mala combinación, y la solución es organizar el entorno, no esperar que tu perro sea la excepción sensata.
Prevención durante la fiesta, antes del primer estallido
Mantén las barritas y los collares luminosos puestos en las personas. Nunca los dejes caer en pisos o césped donde tu perro patrulla. Tira los usados en un recipiente con tapa, porque una barrita gastada todavía contiene líquido. Acciona los tubos de confeti lejos de tu perro, o prescinde de ellos directamente. Prepara un cuarto tranquilo con una cama familiar, algo para morder y una persona que pase a verlo durante la noche. Antes de que llegue la visita, comprueba que puertas y portones cierran bien y que la identificación de tu perro está actualizada, porque el peor caso en una fiesta ruidosa es un perro asustado que sale sin que nadie lo note en la oscuridad.
El estallido y los restos que quedan en el suelo
El golpe sonoro de un tubo de confeti es repentino, cercano e imprevisible, tres cualidades que los perros llevan especialmente mal. En una fiesta, además, no suena una vez, sino durante toda la noche. Un perro asustado puede temblar, ir de un lado a otro, esconderse o negarse a comer. También puede intentar salir de la habitación o de la casa entera, y las puertas que se abren sin parar le dan su oportunidad. Los restos importan casi tanto: serpentinas de papel, cartón y piezas de plástico tienen justo el tamaño que los perros se llevan a la boca y tragan, con riesgo de malestar estomacal o, con menos frecuencia, una obstrucción, y la pequeña carga explosiva hace que un tubo mordido en vez de accionado añada un riesgo de lesión en la boca.
Si tu perro muerde una barrita luminosa
Retira primero la barrita y cualquier fragmento, revisando si quedan trozos del tubo interior en su boca. Ofrece un poco de agua o algo de leche, o limpia y enjuaga suavemente la boca, porque diluir el sabor es lo que suele detener el babeo, y un premio sabroso pequeño también ayuda a quitar el amargor. Lava con agua y jabón suave cualquier líquido luminoso del pelaje, controla que no siga lamiendo una zona contaminada o usa un collar isabelino, y llama después a tu veterinario o a un servicio de intoxicaciones animales para recibir indicaciones específicas para tu perro, buscando atención pronta si el babeo no cede, vomita repetidamente, no se calma, le entró líquido en un ojo o es muy pequeño, mayor o ya estaba enfermo.
Qué lleva dentro una barrita y por qué reacciona así tu perro
Las barritas y la joyería luminosa contienen un líquido cuyo irritante principal suele ser el ftalato de dibutilo, junto a los compuestos que brillan dentro de un tubo interior de vidrio que se rompe al doblar o morder la barrita. Su sabor es intensamente amargo e irrita boca, piel y ojos. El cuadro clásico aparece en momentos: babeo abundante, espuma en la boca, manoseo de la cara con las patas, sacudidas de cabeza y a veces carreras agitadas por el sabor. Esa reacción responde sobre todo al amargor y a la irritación, más que a una intoxicación grave, y a menudo se calma en minutos, aunque conviene lavar la piel expuesta para que tu perro no siga lamiéndola y atender sin espera el líquido que llegue a los ojos. Si pese a todo tu perro se escapa en plena fiesta, con KinsLe Lost Pet Alert System envías gratis la alerta desde su perfil, tu perro aparece en el mapa y quien lo encuentre puede enviarte un mensaje directo mientras tú recorres las calles.