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Perros · Aseo y cuidado diario

¿Cada cuánto hay que revisar las orejas de un perro con orejas caídas?

Publicado el 2 de noviembre de 2026

La respuesta corta

Una vez por semana, todas las semanas: la oreja caída atrapa calor y humedad que favorecen levaduras y bacterias, y una revisión con la vista y el olfato toma menos de un minuto. Una oreja sana se ve rosa pálida y casi no huele; el enrojecimiento o un olor dulce y rancio indican que toca llamar al veterinario. Cuando tras un baño o un rato de natación no sepas si una señal es normal, consúltaselo a Kimmy dentro de KinsLe y lee una respuesta procedente de la biblioteca de KinsLe Answers.

Empieza por saber cómo se hace, porque la revisión es más breve de lo que muchos imaginan. Elige un momento tranquilo, ofrece un premio y levanta cada oreja con buena luz. Una oreja sana es rosa pálida por dentro, está bastante limpia y tiene poco o ningún olor. Una pequeña cantidad de cera clara puede ser normal. No buscas perfección: buscas cambios respecto a lo habitual en tu perro.

Convertido en prosa, el semáforo es claro. Enrojecimiento, hinchazón o secreción marrón oscura o amarilla piden cita. Lo mismo ocurre con un olor dulce, rancio o francamente desagradable, con sacudidas frecuentes de cabeza, rascado de la oreja o dolor al tocarla, y con motas marrones, costras o la cabeza inclinada hacia un lado. Revisa también después de baños y natación: seca con suavidad la parte externa con un paño suave o una bola de algodón, sin empujar nada hacia el interior del canal.

Por qué estas orejas parten con desventaja

El Cocker Spaniel, el Basset Hound, el Labrador Retriever, el Bloodhound y el Beagle comparten un diseño: un canal auditivo cubierto por una oreja pesada. El aire circula mal, el agua del baño o de nadar se queda dentro y el canal, cálido y oscuro, se vuelve un lugar cómodo para que empiece una irritación. Los perros con alergias o que nadan a menudo pueden necesitar revisiones aún más frecuentes, sobre todo tras mojarse. Los de orejas erguidas no son inmunes, pero parten con mejor ventilación, así que un problema pequeño tiene menos margen para crecer en silencio hasta que el perro ya se sacude y se rasca con molestia. Un Spaniel amante del agua o un sabueso que pasa largos días entre hierba húmeda merece además una mirada extra a mitad de semana.

Limpiar bien significa limpiar menos de lo que crees

Limpia solo con un limpiador de oídos recomendado por tu veterinario y solo con la frecuencia que él indique. Limpiar en exceso irrita el canal, y los remedios caseros con alcohol, agua oxigenada o mezclas con vinagre pueden escocer y empeorar una oreja inflamada. Nunca introduzcas hisopos de algodón en el canal: puedes empujar los restos más adentro y dañar estructuras delicadas.

El gesto correcto es sobrio: levanta la oreja, llena el canal según las indicaciones del producto aprobado, masajea suavemente la base, deja que tu perro se sacuda y retira lo que salga de la parte externa. Si tu perro se resiste con fuerza, gime o la oreja huele mal, detente y busca atención veterinaria en lugar de forzar una limpieza en casa.

Cuando la revisión deja un “quizá”

Muchas revisiones terminan en zona gris: el canal se ve más rosado que la semana pasada pero no hay olor, o un Spaniel sacude la cabeza dos veces tras nadar y luego se tranquiliza. Adivinar desperdicia la preocupación. Dentro de KinsLe puedes contarle ese “quizá” a Kimmy mientras está fresco —color, olor, qué cambió— y recibir una respuesta fundamentada sobre si conviene observar, secar con cuidado o reservar ya la visita al veterinario.

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