Dejar de poner cierra una etapa, no la vida de la gallina. Muchas ponen bien durante sus primeros dos o tres años y después bajan el ritmo, mientras el ave puede vivir varios años más como compañera de jardín, patrulla contra babosas y mayor respetada del grupo, así que su cuidado sigue siendo buen manejo, ajustado a un cuerpo mayor y a otro equilibrio nutricional.
Revisión de una gallina mayor, punto por punto
Revisa el buche: debe llenarse durante el día y sentirse vacío a primera hora, y un buche aún lleno, pastoso o con olor ácido al amanecer necesita atención. Mira cloaca y plumas traseras en busca de suciedad pegada, hinchazón, prolapso, enrojecimiento o pérdida de plumas que invite a picotazos del grupo. Pesa con la mano y siente la quilla: si el hueso del pecho se nota muy afilado bajo la mano, está perdiendo condición aunque el plumaje se vea lleno. Observa movilidad y patas, con atención a cojera, escamas de las patas levantadas, almohadillas hinchadas, resistencia a posarse o salir última del gallinero, y vigila respiración y viveza, porque una gallina que deja de bañarse en polvo, se aparta encogida del grupo o pierde interés por sus comidas favoritas está comunicando que algo va mal.
El cambio de alimento que sí importa
El alimento para ponedoras lleva calcio alto pensado para formar cáscara. Una gallina que ya no pone no necesita esa carga diaria de calcio y, con el tiempo, el exceso puede forzar los riñones de un ave mayor. Por eso muchas personas la pasan a un alimento tipo crecimiento o para todo el grupo, con proteína moderada y menos calcio, ofreciendo concha de ostra triturada en un recipiente aparte: las que siguen poniendo tomarán el calcio que necesitan y la jubilada lo dejará en gran medida, porque el apetito por esa concha sigue de cerca la puesta. Mantén arena disponible y haz el cambio durante una semana mezclando alimentos. Conserva verduras de cocina y tiempo de jardín como siempre, con premios como parte pequeña del día. Baja el posadero o añade una rampa para que unas patas rígidas no deban saltar y aterrizar desde alto, con cama seca y profunda en invierno y refugio sin corrientes pero ventilado.
Quédate con su grupo, no la apartes
No la jubiles en soledad, porque las gallinas son aves de grupo con un orden de picoteo establecido y su puesto en ese orden, sus compañeras, sus sitios para bañarse en polvo y su gallinero conocido forman su seguridad, mientras el aislamiento genera estrés y puede hacer que un ave mayor deje de comer bien. Si gallinas jóvenes y más insistentes empiezan a acosarla en los comederos, añade una segunda estación de comida y agua en vez de retirarla a ella, y separa solo a una gallina enferma, herida o con lesiones, idealmente a la vista del grupo mientras se recupera, recordando que un problema de salud persistente merece visita veterinaria igual que en una ponedora. Con KinsLe, el Pet Passport apoya sus años tardíos al guardar edad aproximada, cambio de alimento, visitas veterinarias y notas de salud en un paquete portátil de registros e historial que viaja con ella, para que quien cuide el grupo conozca su historia de un vistazo.