Después de cada paseo, sobre todo si cruzaron pasto alto, hojarasca o zonas arboladas, dedica unos cinco minutos a revisar a tu perro con las manos y con la vista. Pasa las palmas despacio por todo su cuerpo sintiendo cualquier bultito extraño y detente en orejas, cuello, axilas, panza, ingle y entre los dedos. Esa revisión breve es la manera más sencilla de encontrar una garrapata antes de que lleve mucho tiempo prendida.
El recorrido manual, paso a paso
En perros de pelaje espeso, como un Chow Chow o un Husky, la garrapata se siente antes de verse. Trabaja por zonas para no saltarte ningún rincón:
- Empieza por la cabeza: revisa dentro y detrás de las orejas, alrededor de los ojos y el hocico, y debajo del collar, un escondite clásico que muchos olvidan porque el collar lo tapa.
- Baja por el cuello y los hombros, separando el pelo a contrapelo donde sea más denso.
- Mete los dedos en ambas axilas y recorre el pecho y la panza con calma.
- Revisa la ingle, la base de la cola y la parte trasera.
- Termina con patas y manos, abriendo cada dedo, porque las garrapatas se acomodan entre los dedos y en la membrana que los une.
En un perro de pelo corto, como un Dálmata o un Bóxer, a veces se distingue a simple vista un óvalo oscuro que ayer no estaba. En cualquier caso, tus dedos son la herramienta principal: una garrapata alimentándose se siente como una pequeña verruga firme o una bolita bajo el pelo.
Si encuentras una: cómo retirarla
Usa pinzas de punta fina, sujeta la garrapata lo más cerca posible de la piel y tira hacia arriba con presión firme y pareja. Evita girarla, quemarla o aplicar remedios caseros como esmalte de uñas, porque pierdes tiempo e irritas la piel. Después limpia la zona de la picadura y también tus manos, y anota la fecha del hallazgo. Tu veterinario puede indicarte cómo desecharla en tu zona; algunas clínicas prefieren que la guardes en un frasco cerrado por si surgen preguntas después.
En las semanas siguientes observa a tu perro: un cansancio inusual, pérdida de apetito, rigidez o fiebre merecen atención. Las enfermedades transmitidas por garrapatas pueden tardar en manifestarse, y sus primeros signos se confunden fácil con un mal día, por eso importa tanto haber anotado cuándo apareció la garrapata.
La prevención sigue haciendo el trabajo pesado
La revisión al volver a casa es una red de seguridad, no toda la estrategia. Pregunta a tu veterinario por un preventivo adecuado para tu región y para los hábitos de tu perro, y mantenlo al día igual que el de pulgas. Tras una caminata por el campo, un cepillado rápido en la puerta ayuda a soltar garrapatas que aún caminan sin prenderse. En temporada alta, caminar por el centro del sendero y evitar pasto alto y montones de ramas reduce las que se suben en el camino.
Un registro que tu veterinario agradecerá
Un hallazgo aislado es un dato suelto; varios hallazgos con fechas y tratamientos forman un historial útil. Si semanas después aparecen síntomas, decir “tuvo una garrapata en primavera” ayuda mucho menos que mostrar dos fechas concretas con el producto usado en cada ocasión. Esa precisión le permite a tu veterinario razonar mejor sobre qué buscar y desde cuándo. Por eso conviene anotar cada garrapata, su fecha y cualquier tratamiento en el Pet Passport de KinsLe, junto a vacunas, medicamentos y alergias.