Primero, las reglas que protegen todo el avance
Nunca agarres a tu agapornis desde arriba, nunca lo persigas por la jaula y nunca retires de golpe a un ave que muerde. Una mordida casi siempre significa que saltaste un paso, así que regresa a la etapa anterior durante unos días en vez de empujar hacia adelante. Mantén cada sesión en unos cinco o diez minutos y ciérrala después de un éxito. Devuelve a tu ave a la jaula antes de que entre en pánico, no después, y trabaja a su ritmo durante días o semanas: un ave que te eligió seguirá siendo mansa, mientras que un ave atrapada solo te tolera.
Etapa uno: convertirte en mueble familiar
Durante los primeros días, simplemente siéntate junto a la jaula a leer, trabajar o hablar en voz baja, a una distancia donde tu agapornis siga comiendo, acicalándose y moviéndose con normalidad. Si el ave se congela, se pega a los barrotes lejanos o deja de llamar, estás demasiado cerca y toca mover la silla hacia atrás. Las visitas cortas varias veces al día rinden más que una sola vigilia larga. Ofrece una espiga de mijo pasada por los barrotes y déjala ahí sin mirar con insistencia, porque comer cerca de ti es el primer logro real y a menudo llega antes que cualquier interés por tu mano; durante esta etapa, mantén predecible la habitación, ya que las visitas ruidosas, los niños inclinados sobre la jaula y una mano golpeando los barrotes reinician el reloj.
Etapa dos: una mano que no hace nada
Apoya tu mano plana contra el exterior de la jaula por uno o dos minutos y retírala antes de que tu ave se inquiete. Cuando eso ya no provoque reacción, abre la puerta y apoya la mano justo dentro, baja y quieta, con la palma hacia arriba, por periodos cortos. No te acerques al ave, no la sigas por la jaula y no intentes tocarla. Una mano que aparece una y otra vez, no hace nada alarmante y se va se vuelve aburrida, y lo aburrido es la base de la confianza con una especie de presa; después ofrece mijo desde tus dedos a través de los barrotes y, cuando lo tome con seguridad, sostén la espiga de modo que el ave deba inclinarse hacia tu mano dentro de la jaula, dejando que ella fije siempre la distancia final.
Etapa tres: comida en la palma y luego una percha
Cuando tu agapornis se acerque por voluntad propia, coloca mijo en tu palma abierta y deja la mano quieta dentro de la jaula. El primer salto al borde de tu mano quizá dure un segundo: elogia en voz baja y no intentes levantar ni mover la mano. Repite hasta que pararse en la mano para comer sea rutina. Presenta el paso arriba sobre una percha de mano o una varilla antes que sobre un dedo, porque la percha es menos personal y más fácil de aceptar, colocándola con suavidad frente a la parte baja del pecho, unida a la señal verbal que seguirás usando, y premia cada vez que se suba; solo cuando ese paso sea tranquilo ofrece un dedo en la misma posición, con el mismo ángulo y la misma señal.
Un agapornis es pequeño y audaz, y puede decidir que no eres de fiar durante semanas si su primera lección es una mano cerrándose sobre su cuerpo. Tu pareja toma el turno de guiar la sesión y deja constancia en Care Teams de KinsLe de la etapa alcanzada y de si tu agapornis tomó el mijo desde la palma, con la hora registrada al cerrar la tarea.