Las cabras que te ignoran no son desobedientes; simplemente no están convencidas, y una llamada funciona cuando la cabra sabe por experiencia que responder paga mejor que lo que está comiendo en ese momento.
Lo que nunca debe arruinar la llamada
Nunca uses la llamada únicamente para atrapar a una cabra para algo que le desagrada, como recortarle las pezuñas, ponerle inyecciones o cargarla. Si tienes que atraparla para manipularla, acércate con calma caminando o usa una estación de alimento, y en las ocasiones en que la llamada sí termine en manipulación, sigue esa manipulación con un premio y suéltala. Tampoco persigas a la cabra que no vino: perseguir convierte el ejercicio en huida, premia la evasión y hace más difícil la siguiente llamada; espera, llama una vez más o déjalo y vuelve a intentarlo después, cuando el grupo esté menos absorto. Termina cada sesión con las cabras habiendo llegado y recibido su pago, aunque tengas que acortar la distancia para lograr ese final.
Práctica corta dentro de un corral pequeño
Empieza en el corral o patio más pequeño que tengas, con las cabras a poca distancia. Agita la cubeta, da la llamada una sola vez y espera en vez de repetirla en un cántico creciente. En el momento en que una cabra llegue a ti, prémiala de inmediato y déjala comer en paz. Repite unas pocas veces en una sesión de unos minutos y detente mientras las cabras todavía estén interesadas. Trabaja a esa distancia durante varios días hasta que cada cabra se gire y venga con prontitud a la primera llamada, incluida la tímida que se queda atrás: ella necesita que el premio se le entregue donde está parada, en vez de tener que empujar entre compañeras más audaces.
Una sola señal y una recompensa pequeña
Elige una llamada corta, como un nombre más una sola palabra, y acompáñala siempre del mismo sonido: el traqueteo de la misma cubeta de alimento o de una medida agitada dentro de una lata. Usa exactamente esa combinación y ninguna otra, porque familiares que inventan cada uno su llamada, silbido o ruido de cubeta diluyen la lección; escribe la llamada elegida donde pueda verla toda persona que alimenta a las cabras. El premio debe ser un alimento que valoren de verdad pero que no reciban libremente todo el día: un puñado pequeño de su concentrado habitual, unos trozos de una verdura favorita o un premio comercial para cabras partido en pedazos pequeños. Mantén las porciones pequeñas, porque una sesión incluye varios premios y las cabras se llenan y se alejan una vez satisfechas; la meta es un bocado que confirme la promesa, no una comida.
Ampliar la distancia y llamar fuera de las comidas
Aumenta la distancia paso a paso y solo después traslada la práctica a un campo más grande. Si una cabra deja de responder a una distancia nueva, avanzaste demasiado rápido: vuelve a la última distancia que funcionó y reconstruye desde ahí. Llama también en momentos sin relación con la comida, premia y deja que las cabras vuelvan a pastar, porque una llamada que solo significa la comida de la tarde enseña a venir a la hora de comer, algo que de todos modos iban a hacer. Tras unas semanas de práctica diaria y breve, un grupo suele venir corriendo, guiado por la cabra más audaz y seguido por el resto, lo que simplifica mucho cambiar de campo, revisar a un animal enfermo o meter a todas antes de una tormenta. Cuando las sesiones breves quedan en una sola mano responsable, con nombre, y esa mano apunta qué cabras llegaron con prontitud y cuáles se rezagaron dentro de Care Teams de KinsLe, el entrenamiento no se diluye y cada práctica acabada figura con la hora registrada.