La revisión semanal es donde el diario empieza a pagarse a sí mismo. Lee juntas las líneas de la semana: un alimento anotado una y otra vez como comido a medias o intacto se ofrece quizá en demasiada cantidad, o es uno que tu grupo no toma bien desde el fondo, así que recorta primero la cantidad antes de retirar el alimento por completo. Restos apuntados varios días seguidos significan que la ración total es demasiado grande para el grupo, por variada que sea, y la comida de fondo sin comer se pudre justo donde menos se ve. Una alimentación ansiosa, un sustrato limpio y un forrajeo activo entre tomas sugieren que rotación y cantidades están cerca de lo correcto.
Apunta también los cambios de apetito junto a otros sucesos del acuario en el mismo diario, un cambio de agua, un compañero nuevo o un giro de temperatura, porque un grupo que de pronto deja comida suele reaccionar al tanque y no al menú, y esa pauta merece mostrarse a una persona veterinaria acuática si continúa. Escribe cada línea junto al tanque mientras la comida se asienta, en vez de reconstruir la semana desde la memoria más tarde, y guarda ahí el diario, en un solo sitio al lado del acuario.
La semana dibujada antes de la primera toma
Extiende la semana como cuadrícula antes de rellenar una sola toma, con un alimento de fondo planeado por día durante siete días. Un patrón que funciona es gránulos que se hunden el primer día, una oblea que se hunde el segundo, gránulos de nuevo el tercero, comida congelada descongelada el cuarto, gránulos el quinto, un alimento vegetal que se hunde el sexto y una toma más ligera de gránulos o un descanso de alimentos ricos el séptimo. La cuadrícula importa porque sin ella la rotación deriva: el alimento que gusta tiende a repetirse, el ignorado desaparece en silencio y se pierde la variedad, que era el sentido de rotar. Anota la toma real junto a la planeada cuando difieran y marca la sustitución en vez de reescribir el plan, para que el diario muestre tu intención y lo que pasó en realidad.
Una línea por toma, cinco campos siempre
Da a cada toma una sola línea con los mismos cinco campos: fecha, alimento ofrecido, cantidad ofrecida, cantidad comida o restante y notas. La cantidad ofrecida necesita unidades que puedas repetir, una oblea que se hunde, media oblea, una pizca pequeña de gránulos o un cubo descongelado de comida congelada, y no un puñado vago. Cuánto se comió se juzga tras dar tiempo a que trabajen la comida: mira el punto de alimentación, anota si la oblea se terminó, se comió a medias o quedó intacta, y registra si retiraste restos. El campo de notas lleva lo que los números no pueden: si el grupo comió con ganas o despacio, si un pez se quedó atrás, si los peces de niveles superiores llegaron antes a la comida y si el sustrato alrededor de la zona parecía ensuciado al día siguiente. Cinco campos, en ese orden, hacen que un mes de líneas se lea de un vistazo.
Ese formato fijo responde a un trabajo concreto. Las corydoras comen en el fondo de un tanque donde otros peces comen más arriba, así que el diario debe probar que la comida llegó abajo, en la cantidad justa, y que la comieron ellas en vez de ser robada, enterrada o abandonada a pudrirse en el sustrato. Una rotación de varios alimentos de fondo hace ese juicio más difícil desde la memoria, y ahí se entiende por qué hace falta un formato y no notas ocasionales. Guardado en el Pet Passport de KinsLe, ese diario viaja con tus corydoras dentro de un paquete portátil junto a sus registros del acuario y de salud, para que una persona cuidadora siga la rotación al detalle y una persona veterinaria vea el historial de apetito detrás de cualquier preocupación.