Un refugio húmedo es un escondite cerrado cuyo forro mojado crea una bolsa de aire húmedo dentro de un recinto por lo demás seco. Su único trabajo es ablandar la piel vieja para que se suelte limpia, y solo lo cumple si se mantiene húmedo, cálido y limpio.
El forro: húmedo, sin charcos y cambiado a tiempo
Cubre el suelo del refugio con musgo sphagnum húmedo o con una toalla de papel doblada y mojada. El musgo retiene la humedad más tiempo y aporta una textura natural; la toalla de papel se cambia en segundos y deja ver la piel mudada enseguida. En ambos casos, escurre el exceso de agua antes de colocarlo: al apretarlo debe sentirse húmedo, jamás gotear, y dentro no debe quedar agua estancada, porque un suelo encharcado enfría al geco y favorece las bacterias. Revísalo a diario y vuelve a mojarlo con un rociador en cuanto la superficie se note seca al tacto. Cambia la toalla de papel al menos dos veces por semana, y sustituye el musgo antes de que huela a cerrado, se oscurezca o muestre moho visible. Una vez por semana, lava el refugio solo con agua tibia, enjuágalo bien y déjalo secar antes de forrarlo de nuevo.
Por qué ese rincón húmedo facilita la muda
Para mudar, el geco se frota contra las superficies y va despegando la piel a trozos; si la piel está seca, se desgarra en vez de soltarse. Dentro del refugio, el aire húmedo la ablanda y el propio movimiento del animal entre el musgo hace el resto. Vigila sobre todo los dedos y la punta de la cola tras cada muda: son las zonas estrechas donde un resto pegado aprieta la circulación y, muda tras muda, puede acabar costando un dedo o la punta de la cola. Si queda un trozo pequeño, un baño corto en agua tibia y un avance sobre una toalla húmeda suelen terminar el trabajo, y el refugio debe seguir en su sitio durante el ciclo siguiente.
Elegir el refugio y ubicarlo bien
Busca paredes sólidas, techo sólido y una sola entrada apenas suficiente para que tu geco pase sin apretarse, porque son esos tres elementos los que atrapan la humedad dentro. Sirve un refugio húmedo fabricado para ello, un recipiente de plástico con un agujero de entrada liso recortado en el lateral o una cueva de cerámica, siempre con los bordes suavizados y sin riesgo de volcarse. El interior debe permitirle dar la vuelta, pero ser lo bastante recogido para no volverse un espacio ventilado. Para un geco leopardo va en el lado cálido, donde el calor convierte el forro mojado en humedad tibia; para un geco crestado, que ya vive en un recinto húmedo, mejor una zona media y resguardada, con una temperatura agradable que no seque el forro demasiado rápido. No lo pongas sobre el punto más caliente de un tapete térmico y orienta la entrada lejos de la luz principal del recinto.
Si lo ignora, cambia una sola cosa
Un geco que nunca entra quizá necesita una entrada más pequeña, un refugio más oscuro o otra posición: prueba un cambio cada vez para saber cuál funcionó. Tampoco retires el refugio fuera de la época de mudas, porque no es un accesorio temporal, sino parte permanente del recinto, listo cuando la muda empiece y no montado a toda prisa cuando ya hay piel pegada. Anota cuándo cambiaste el forro y si tu geco lo usó, ya que rechazar de pronto un refugio favorito puede avisar de un cambio de temperatura o de un forro sucio. El adulto de la casa responsable del refugio húmedo mira a diario si el forro de tu geco sigue húmedo, lo sustituye cuando toca y lo anota en Care Teams de KinsLe, dejando la hora exacta al terminar.