La proporción se invierte con la edad: de bebé, tu dragón vive de insectos frecuentes con ensalada diaria; de adulto, vive de ensalada con insectos ocasionales. Al principio manda la proteína para crecer, y después mandan las plantas para cuidar el peso y los órganos. Pensar el cambio como una transición lenta, y no como un corte brusco, hace que cada etapa salga bien.
Los primeros meses: insectos a cada rato
Con menos de unos cuatro meses, ofrece insectos pequeños, como cucarachas dubia diminutas, larvas de mosca soldado negra o grillos muy pequeños, en dos o tres sesiones diarias, dejándolo comer hasta saciarse durante diez a quince minutos por sesión. Nada de lo servido debe superar el ancho del espacio entre sus ojos. Aunque apenas pique, ponle cada mañana una ensalada fresca de hojas de berza o de mostaza: la exposición temprana construye el hábito del que dependerá de adulto.
Del cuarto mes al año: el giro gradual
El crecimiento sigue rápido, así que conserva una o dos sesiones de insectos al día y ve reuniéndolas en una sola conforme se acerque al año. La ensalada gana terreno en el plato, y un truco amable con los reacios a las hojas es servir los insectos un poco más tarde por la mañana, para que el hambre matutina caiga sobre las verduras. Vigila la figura: un dragón en crecimiento se ve relleno en la base de la cola y los muslos, sin una panza colgante que arrastre por el suelo.
Adultos: verde casi todos los días, insectos contados
Superados los doce a dieciocho meses, la dieta ronda un ochenta por ciento de hojas y verduras y un veinte por ciento de insectos. Sirve una ensalada generosa y fresca a diario, e insectos dos o tres veces por semana en una ración de cucarachas o larvas, no como bufé permanente. Las hojas base incluyen berza, diente de león y hojas de mostaza y de nabo, con calabaza y pimiento como adorno; la lechuga común es casi solo agua y no sirve de base, y la espinaca queda mejor como algo ocasional.
Costumbres que sostienen cualquier etapa
Espolvorea los insectos con calcio según la edad de tu dragón y ofrece luz UVB adecuada, porque sin ella ese calcio no se aprovecha. Alimenta en un plato liso o en un recipiente aparte, para que los grillos sueltos no deambulen por el terrario ni muerdan a un dragón dormido. El agua puede llegar por un plato poco profundo, por las hojas rociadas o por baños regulares, según cómo beba el tuyo. Pésalo cada mes: una pérdida repentina o una subida sin freno justifica hablar con un veterinario de reptiles. Evita insectos capturados afuera, que pueden traer pesticidas y parásitos, y descarta por completo las luciérnagas, tóxicas para esta especie.
Cuando el plan cambia de manos por unos días
Las reglas del primer año cambian tan rápido que un cuidador guiado por una nota vieja puede deshacer tu rutina en un fin de semana. En KinsLe, Care Pass comparte el horario actual y la lista de ensaladas mediante un enlace temporal y limitado, que el cuidador puede ver sin cuenta ni aplicación, justo con la ensalada de berza de la mañana, la ración de insectos medida por el espacio entre los ojos y el calcio de cada día.