Mayor a los seis o a los once, según el perro
La palabra mayor no cae en la misma fecha para todos. Un gran danés puede considerarse mayor hacia los seis o siete años, un labrador o un golden retriever suele llegar a esa etapa entre los ocho y los diez, y un terrier pequeño o un dachshund quizá no la alcance hasta los once o más. Por eso dos perros de la misma edad pueden necesitar dietas completamente distintas: uno sigue de excursión tan contento con su comida de adulto, mientras el otro amanece rígido y engorda con las porciones exactas que comió durante años. Una guía útil ubica esta etapa en el último cuarto de la esperanza de vida de cada perro, pero el cuerpo que tienes enfrente y el criterio de tu veterinario mandan más que cualquier fecha rodeada en un calendario.
Lo que su cuerpo te está diciendo
Obsérvalo durante unos meses y junta las pistas. Sospecha que la fórmula de adulto dejó de ajustarle si su peso sube aunque porciones y premios no hayan cambiado, si el músculo se le ve más delgado sobre la cadera y los hombros mientras la panza se redondea, o si sus paseos se acortan, duerme más y amanece rígido tras descansar. Un pelaje más opaco, piel con escamas o una digestión que se volvió impredecible también empujan en la misma dirección, igual que escuchar a tu veterinario hablar de peso, articulaciones, riñones o metabolismo en una revisión. Ninguna de estas señales por sí sola prueba que haga falta otro alimento, y algunas pueden apuntar a problemas de salud que conviene revisar primero; una visita de bienestar para perros mayores, que a esta edad suele incluir análisis de sangre, les da a ti y a tu veterinario el panorama completo antes de rehacer su dieta.
Una semana para cambiar de plato
Cuando decidan juntos que llegó el momento, tómate unos siete días. Comienza con tres cuartas partes de la comida anterior y una cuarta parte de la nueva, pasa luego a mitad y mitad, después a casi todo nuevo y al final sirve solo la nueva; si las heces se ablandan, avanza más despacio. Durante la transición mantén constantes los premios, para saber qué causó cualquier malestar, y mide las porciones en vez de servir a ojo, porque las fórmulas para mayores pueden diferir mucho en calorías por taza. Y cuenta también lo que come fuera del plato durante ese mes de ajuste: un perro que recibe galletas generosas, premios para masticar y bocados de la mesa puede parecer que rechaza su ración nueva cuando en realidad ya llega lleno de todo lo demás. Uno o dos meses después del cambio, revisa su peso y su condición corporal; la meta es un músculo estable, movimiento cómodo y una cintura que se mantiene, no simplemente comer lo que la bolsa llama senior.
Dudas pequeñas que no deben esperar meses
Un cambio de una semana es fácil de perder de vista al tercer día, sobre todo en una casa con prisa. Para esas preguntas sueltas, qué proporción toca hoy, si unas heces blandas piden bajar el ritmo o cuándo volver a pesarlo, puedes acudir a Kinny en KinsLe, cuyas respuestas sobre el momento de pasar a la comida senior se apoyan en la biblioteca de KinsLe Answers.