La respuesta breve es: siempre, antes de que el pez nuevo se acerque al acuario principal, venga de la tienda que venga y tenga el aspecto que tenga. Los sistemas de las tiendas mezclan peces de muchos orígenes, y el estrés de la red, la bolsa y el viaje baja las defensas justo lo suficiente para que parásitos o infecciones ocultos aparezcan días después. De dos a cuatro semanas en un acuario aparte convierten ese riesgo en un periodo de observación tranquilo, en lugar de un brote entre peces que llevas años manteniendo sanos. Lo que sigue es información general para llegadas con buen aspecto: un pez que llega visiblemente enfermo corresponde a un veterinario acuático, no a conjeturas en casa.
En qué fijarte durante esas semanas
Usa la cuarentena de forma activa y busca las señales clásicas: puntitos blancos repartidos por el cuerpo y las aletas, aletas pegadas al cuerpo, roces o sacudidas contra la decoración, movimiento branquial rápido o de un solo lado, boqueadas en la superficie, heces pálidas y en forma de hilo, pérdida de apetito o un pez que se esconde sin parar cuando su especie suele explorar. Tan importante como eso es confirmar lo positivo: que come con ganas en uno o dos días, que nada nivelado y relajado y que respira a un ritmo tranquilo. Muchos problemas se declaran en las primeras dos semanas; el tiempo extra hasta la cuarta captura los más lentos y permite que un pez tímido se adapte y coma bien antes de conocer a sus compañeros.
Resiste la tentación de medicar por si acaso a un pez que se ve sano. Un medicamento innecesario estresa al pez y a su filtro, y puede ocultar justo las señales que estás vigilando. Si aparecen señales, fotografíalas o grábalas en video, mide el agua y consulta a un veterinario acuático para identificar el problema y decidir los pasos siguientes, en vez de echar mano de una estantería de frascos.
Cómo montar una cuarentena que funcione
No hace falta nada elaborado: un acuario básico de unos 10 a 20 galones sirve para la mayoría de los peces de tamaño comunitario, con un filtro de esponja ciclado —mantén una esponja de repuesto funcionando en tu acuario principal para que esté biológicamente lista—, además de calentador, agua acondicionada, tapa y un escondite simple. Aclimata al pez nuevo a este acuario con el mismo cuidado que a cualquier otro: deja flotar la bolsa para igualar la temperatura y luego agrega pequeñas cantidades del agua de cuarentena durante veinte a treinta minutos antes de soltarlo. Mantén la luz tenue y poco movimiento alrededor durante los primeros días, y mide el agua con regularidad, porque incluso un acuario con pocos peces puede sufrir un pico de amoníaco; el amoníaco y los nitritos deben marcar cero, y la temperatura y el pH deben terminar cerca de los de tu acuario principal, para que el traslado final no sea un segundo choque.
El traslado final también deja registro
Cuando el periodo termina limpio, mueve solo al pez: pásalo con red o con un recipiente con suavidad y deja atrás el agua de cuarentena y todo lo que contiene. Enjuaga y seca el equipo, o deja el acuario funcionando si incorporas peces con frecuencia. Y escribe la historia mientras está fresca: de dónde vino el pez, cuándo llegó, cómo fue su cuarentena y qué observaste. KinsLe reúne en el Pet Passport ese origen y ese historial de salud dentro del paquete de registros de cada pez desde el primer día, así que si meses después un problema se rastrea hasta una incorporación, tendrás fechas y datos —también para el veterinario acuático— en lugar de un recuerdo vago.