Primavera, otoño y verano cambian el tipo de riesgo
Al girar la estación, sobre todo en primavera y en otoño, la muda se intensifica. El subpelo suelto necesita entonces sesiones extra, con un rastrillo de subpelo pasado con suavidad por todo el flequillo. En verano el peligro se mueve: las semillas de hierba se cuelan en ese flequillo, en las orejas y entre los dedos. Pasa las manos por el manto tras cada paseo de campo y retira los abrojos ese mismo día, antes de que avancen hacia la piel.
Del barro a la cama seca: la vuelta en invierno
Tras una salida con barro, el orden es enjuagar, secar e inspeccionar. Usa solo agua tibia para aclarar patas, pies, panza y flequillo del pecho, retirando barro, arenilla y sal de la calle, que irritan la piel y las almohadillas y no conviene que lama en cantidad. Seca apretando y dando toques con toallas, sin frotar hasta crear enredos, y espera a que el pelo no tire para cepillarlo. Entre los dedos busca barro compacto, piedrecillas, bolas de hielo y sal, y en las almohadillas busca grietas tras salidas frías y húmedas repetidas. Si vuelve mojado varias veces en una semana, su zona de dormir también debe permanecer seca, porque un manto húmedo sobre una cama húmeda favorece los problemas de piel. Hecha al volver, la secuencia lleva unos diez minutos. Dejada para más tarde, se transforma en una hora de desenredo. Mira también dentro de las orejas en esa misma vuelta, porque las orejeras largas y pesadas reducen la circulación de aire y la humedad irrita con facilidad.
Dónde se esconde el trabajo en un manto negro y fuego
El Gordon es el setter más pesado, con un pelaje largo y sedoso negro y fuego y un flequillo abundante en orejas, pecho, patas, panza y cola. Ese flequillo se enreda tras las orejas, se apelmaza en las axilas y a lo largo de la panza, y recoge abrojos y semillas en verano y barro, arenilla y sal en invierno. Trata el aseo como sesiones cortas y frecuentes. Así, la raza resulta llevadera. Si lo reduces a maratones ocasionales, aparecen nudos, irritación en la piel y un perro que empieza a temer el manejo.
Peine hasta la piel, pies recortados y baño medido
Trabaja por capas desde la piel hacia fuera con un cepillo de púas y cierra con un peine metálico. Ese peine debe deslizarse hasta la piel: si se engancha, el enredo sigue ahí. Insiste en los puntos que se apelotonan primero: detrás y debajo de las orejas, las axilas, el fleco del pecho, la falda de la panza y el flequillo de la cola. Recorta el pelo entre las almohadillas y alrededor de los pies, para que entre menos barro en casa y para que agarre mejor en suelos duros. Un baño cerca de una vez al mes, o cuando esté realmente sucio, con champú para perros aclarado a fondo, mantiene el manto manejable. Bañar en exceso con productos agresivos reseca la piel, y aclarar mal deja residuos que pican. Revisa las orejas cada semana: seca con suavidad la cara interna y pide cita con tu veterinario si notas enrojecimiento, un olor agrio o sacudidas de cabeza que persisten. Tras nadar, aclara todo el cuerpo y seca las orejas con cuidado, y nunca lo dejes secándose despacio, mojado, dentro de una jaula en un día de calor. Incorpora Care Teams de KinsLe a la rutina y tu madre, designada por su nombre, asume el cepillado por capas y la revisión semanal de orejas de tu setter Gordon, marcando cada sesión cumplida con la hora registrada.