Los peces sanos mendigan junto al cristal coman o no les haga falta, así que el apetito manda poco. El tiempo manda mucho más, y la medida práctica para un acuario tropical cabe en dos minutos.
Señales en el acuario de que la ración falla
Los restos persistentes, el agua turbia, unas algas que no dejan de crecer, unos caracoles que se multiplican rápido y un filtro que se atasca pronto apuntan a que entra demasiada comida. Analiza el agua si ves esas señales, porque el amoníaco y el nitrito en subida son el daño real que hay detrás de ellas. Y reduce la porción antes de recortar la frecuencia. Comer de menos se ve distinto: peces delgados detrás de la cabeza y vientres cóncavos. Los más pequeños pierden condición mientras sus compañeros prosperan. La comida desaparece en segundos, con una competencia frenética en la superficie. En una comunidad mixta, el arreglo suele ser la distribución y no más comida: sirve en dos puntos a la vez, mezcla alimentos flotantes y que se hunden en una misma toma y asegúrate de que las especies tímidas reciban su parte.
Una o dos veces al día, con excepciones
Una o dos veces al día conviene a los peces comunitarios adultos: una sola toma medida mantiene limpio y magro un tanque poco poblado, mientras que dos tomas menores convienen a una comunidad activa y reparten la comida más justamente entre comedores rápidos y lentos. La regla se dobla para los jóvenes y para los especialistas, porque los alevines y los peces jóvenes en crecimiento necesitan comidas menores con más frecuencia, ya que sus estómagos son diminutos y están formando masa corporal. Los comedores de fondo, como las corydoras y las lochas, necesitan que su parte se entregue deliberadamente, en pellets u obleas que se hundan, idealmente como parte de la misma alimentación medida, porque los peces de superficie pueden acabar una toma entera antes de que algo llegue al suelo. Las especies nocturnas pueden tomar mejor su porción al apagarse las luces. Lo que no se dobla es la prueba de los dos minutos: lo que quede sin comer cuando expire el tiempo es comida que el tanque no necesitaba.
Practica la regla de los dos minutos
Empieza más pequeño de lo que crees que el tanque necesita, ofreciendo una pizca pequeña de escamas, unos pocos micropellets o una porción modesta de alimento congelado, y mira los dos minutos enteros en vez de alejarte. Si cada resto desaparece mucho antes de que acabe el tiempo y los peces siguen cazando activamente más, ofrece una segunda porción, menor, dentro de la misma toma. Si la comida sigue a la deriva, se hunde intacta o se escupe al llegar a los dos minutos, la porción fue demasiado grande, y la siguiente toma debe encoger. Retira con una red o un sifón las sobras al final de la toma en vez de dejarlas, porque la comida no comida se pudre en la grava y entre las plantas, y el amoníaco que libera estresa a cada pez del tanque, incluidos los que nunca comieron de más. En una semana de mirar bien, sabrás la porción de tu tanque de vista, y la regla se vuelve un hábito diario rápido.
Que nadie repita la toma
La otra vía clásica hacia la sobrealimentación es la doble toma, donde dos personas alimentan cada una de buena fe porque ninguna sabía que la otra ya lo había hecho, a veces dos veces en un día. Un tanque alimentado así recibe en silencio una doble ración mientras cada persona implicada cree que la alimentación es cuidadosa, y por eso conviene acordar un sistema simple: una persona nombrada alimenta, la comida vive en un solo sitio y una toma se registra en cuanto se hace. Ese acuerdo queda visible en KinsLe cuando Care Teams asigna la alimentación del día a ti o a otro cuidador con nombre y la persona que la hizo la marca completada con la hora registrada, de modo que quien pase después junto a los peces que mendigan vea el tanque ya alimentado y deje el envase cerrado.