La primera porción de cualquier alimento nuevo debería ser pequeña, del tamaño de una cucharadita, y debería llegar sola. Espera un día antes de probar otra cosa, porque esa pausa te permite atribuir la reacción a un solo alimento y no a una mezcla. Heces blandas, vómito, picazón, rascado de orejas o gases fuera de lo normal te dicen que ese alimento no le sienta bien a tu perro, aunque sea seguro para perros en general. Una nota breve de qué probaste y cómo reaccionó ayuda a ver patrones cuando ya van tres o cuatro alimentos, patrones que la memoria sola suele perder.
Un extra sobre la comida, no otra comida
Piensa en la comida de personas como un toque del día, no como una segunda dieta paralela, y mantén premios y extras juntos dentro de una parte pequeña de las calorías diarias. Bastan unos bocados para un perro pequeño y un puñado pequeño para uno grande. Un perro con sobrepeso, un cachorro y un perro mayor con estómago delicado necesitan menos, no más. Si tu perro tiene problemas de riñón, hígado o páncreas, o una alergia, solo debe recibir extras aprobados por su propio veterinario. Corta todo en trozos acordes con su tamaño, porque tragar de golpe un trozo grande de zanahoria puede ser un riesgo de atragantamiento, y lava frutas y verduras como lo harías para ti.
Lo que nunca debe llegar a su plato
Uvas, pasas, grosellas y sultanas pueden causar daño renal grave incluso en cantidades pequeñas, así que encabezan la lista prohibida de cualquier casa con perro. Cebolla, ajo, puerro y cebollino dañan los glóbulos rojos, crudos o cocidos. El chocolate es tóxico para tu perro. El café y todo lo endulzado con xilitol también lo son. También quedan fuera las nueces de macadamia, el alcohol, los huesos cocidos y la masa cruda con levadura. Los restos grasos como salsa, piel o jugos de carne pueden provocar trastornos digestivos dolorosos aunque la carne de debajo sí sea apta, porque la grasa concentrada es el problema y no la proteína.
Proteínas cocidas y verduras que suelen funcionar
Las carnes cocidas simples encabezan las opciones seguras: pollo, pavo y carne magra de res, siempre sin hueso, sin piel y sin sal, ajo, cebolla, salsas con mantequilla ni marinadas. El huevo cocido también es una opción sencilla, revuelto o hervido y sin nada añadido. Entre las verduras aparecen zanahoria, ejotes, pepino, calabacita, camote cocido y calabaza cocida simple. La fibra de la calabaza es una ayuda clásica cuando la digestión está un poco revuelta.
Frutas, bases suaves y la señal de alarma
Ofrece manzana en rebanadas sin centro ni semillas, arándanos y plátano en poca cantidad, pulpa de sandía sin semillas y pera sin centro. El arroz y la pasta cocidos simples son rellenos suaves que pueden venir bien cuando tu perro recupera el apetito, aunque aportan calorías con poca nutrición y ninguno convierte una comida incompleta en una comida equilibrada. Si después de cualquier comida aparecen babeo, temblores, colapso o vómitos repetidos, o si tu perro comió algo de la lista prohibida, contacta pronto a un veterinario en vez de esperar a ver cómo evoluciona. En KinsLe, Care Teams asigna mantener visible junto al refrigerador la lista aprobada y la lista prohibida de tu perro a ti o a otro cuidador con nombre, y esa tarea se marca terminada con la hora registrada.