Un día encuentras un diente diminuto junto al plato de agua, y de pronto todo encaja: el zapato mordido, las manos perseguidas, esa necesidad constante de llevarse algo a la boca. La dentición es el proceso normal en que los dientes de leche se caen y salen los definitivos, y masticar alivia de verdad la molestia de las encías. Tu tarea no es apagar esa necesidad, sino decidir, cientos de veces, sobre qué puede caer.
Intercambia, no pelees
La redirección funciona cuando es aburrida de tan predecible. Si los dientes llegan a un mueble o a tus dedos, ofrece el juguete sin regaño y felicítalo cuando lo tome: intercambio hecho, seguimos. Si vuelve una y otra vez a la misma pata de la mesa, no des un sermón que no puede entender; llévalo a su zona de juego, donde los masticables están a la vista. Felicita también los momentos en que elige solo su juguete, porque esa elección repetida es justamente el hábito que estás construyendo. Y revisa el fondo del asunto antes de culpar a los dientes: un cachorro sobrecansado, aburrido o que ha jugado poco muerde de forma destructiva mucho más que uno que ya se ejercitó, practicó un juego corto y durmió una buena siesta. Que todas las personas de la casa redirijan igual también importa; las reglas mezcladas frenan cualquier aprendizaje.
Frío, novedad y una caja pequeña de opciones
Elige juguetes creados para cachorros en dentición: que cedan un poco al morder, que sean demasiado grandes para tragar y que no se deshagan en pedazos. Los de goma que pueden enfriarse en el refrigerador suelen dar el mejor alivio. Una toallita limpia, humedecida, retorcida y enfriada funciona como opción calmante para algunos cachorros, siempre con alguien mirando. Mantén solo tres o cuatro juguetes fuera y guarda el resto: cada uno que reaparece se siente nuevo, y esa rotación sostiene el interés mejor que un montón permanente en el suelo. Ofrece el masticable después de comer y en ese tramo inquieto del final del día, cuando la mordida se intensifica. Lava los juguetes de goma con agua tibia y jabón, y enjuágalos bien. Lo que no entra en la caja también conviene decirlo claro: huesos, astas y nailon duro pueden dañar tanto los dientes de leche como los definitivos recién salidos, y ningún masticable que se esté rompiendo se usa sin supervisión; lo que se haga pequeño, se retira.
Tu casa, a prueba de dientes durante unos meses
La mayoría de los cachorros empieza a perder los dientes de leche hacia los tres o cuatro meses, y el cambio completo puede tomar varios meses. En el camino es normal encontrar dientecitos en el suelo, ver las encías algo enrojecidas, notar más babeo o que tu cachorro se ponga quisquilloso unos días con la comida dura. Prepárate como para un niño pequeño que gatea: zapatos dentro de armarios, cables fuera de alcance, juguetes de los niños recogidos y puertas de seguridad en las habitaciones que no puedas vigilar. La etapa de mayor masticación va a poner a prueba esa preparación, no al cachorro.
Lo que ya no suena a dentición normal
Casi todo lo anterior pasa solo, pero hay señales que cambian la categoría del problema. Un cachorro que deja de comer, que parece sentir dolor de verdad, que conserva un diente de leche pegado al definitivo ya salido o que presenta encías con mal olor o con sangrado debe ser revisado por un veterinario. No esperes a ver si "se le pasa" cuando aparece cualquiera de esas señales juntas.
Dudas nuevas cada semana
Esta etapa no trae una sola pregunta, trae una por semana: si ese diente flojo se ve normal, cuánto debe durar la molestia o cuándo un diente retenido necesita revisión. Preguntarle a Kimmy en KinsLe conforme surge cada duda te da una respuesta conectada exactamente con el momento que tu cachorro está viviendo, porque Kimmy responde apoyándose en la biblioteca de KinsLe Answers.