Este archivo permite que otra persona lleve la vida de tu perro, en tu casa y a tu manera, durante un fin de semana o durante dos semanas: la comida importa, pero también importan el paseo que espera, la medicación que no puede saltarse, el perro del vecindario al que no debe saludar y el código de alarma necesario a medianoche. Conviene construirlo por apartados, mantenerlo al día y entregar el mismo archivo en cada ocasión.
La casa primero, junto con los límites del encargo
Añade la capa práctica del hogar: cómo funcionan llaves, cerraduras y alarma, dónde están la caja de fusibles, la llave de paso del agua y los suministros de primeros auxilios. Indica también qué día pasa la recogida de basura y cualquier detalle caprichoso, como un ajuste de la caldera o una puerta que debe cerrarse con pestillo dos veces. Cierra esta parte con límites claros: tu fecha y hora de regreso, qué puede decidir la persona por su cuenta, qué necesita un mensaje rápido y qué exige una llamada a cualquier hora. Esa claridad evita dudas cuando tú no estás en casa.
Conducta, miedos y las rutinas que lo calman
Este apartado suele ser el que más se agradece. Anota miedos y detonantes, como tormentas, fuegos artificiales, la aspiradora o personas con sombrero, y qué ayuda de verdad a que tu perro se tranquilice. Describe cómo se comporta con otros perros, gatos y niños, si protege la comida o los juguetes, si tiende a escaparse y prueba las puertas, y qué puertas y habitaciones son suyas o están prohibidas.
Cubre también el descanso: dónde está su cama, si espera una última galleta, una luz nocturna o una prenda usada con tu olor, y los pequeños rituales que le indican que el día terminó, y un perro cuyo archivo lo explica bien es un perro al que otra persona puede mantener tranquilo.
Medicación y contactos, en orden de llamada
Dedica un apartado propio a la medicación: qué es cada cosa, cuándo toca, cómo consigues dársela y qué debe motivar una dosis olvidada o rechazada, normalmente una llamada a ti o al veterinario, escrita justo ahí. Después ordena los contactos según el orden en que conviene llamar: tu móvil y dónde estarás, una persona local de respaldo que guarde una llave de repuesto y pueda intervenir, tu veterinario habitual con dirección y horario, y la clínica de urgencias fuera de horario, que puede ser otra práctica en otra dirección.
Añade el número de microchip, los datos del seguro si tu perro tiene cobertura y una línea que autorice a buscar tratamiento de urgencia. Así ninguna conversación con una clínica se atascará por un permiso mientras tú estás en un avión.
El ritmo diario, de principio a fin
Abre el día por orden temporal. Indica la comida de cada toma, la medida exacta, dónde se guarda y la hora, además de los premios permitidos con su límite diario y el agua fresca rellenada en cada visita. Describe los paseos con honestidad: cuántos son, cuánto duran aproximadamente, la ruta habitual si la tiene, si va siempre con correa o responde bien a la llamada en un campo cerrado concreto, y qué conviene evitar, como un tramo reactivo junto a cierto jardín, campos con ganado o agua profunda si nada y no debe hacerlo.
Termina con el patrón para hacer sus necesidades: a primera hora, tras las comidas, a última hora de la noche y la palabra que reconoce como señal, para que nadie tenga que adivinar por qué espera junto a la puerta. Compartir todo ese archivo con KinsLe, a través de Care Pass, significa entregarlo mediante un enlace temporal, limitado a las instrucciones de cuidado, que la persona que lo cuida puede abrir en su propio teléfono sin tener cuenta ni aplicación de KinsLe y sin acceso más allá del periodo de cuidado que defines.