Comida y temperamento, dichos sin adornos
Quien recoja a tu perro necesita saber qué come, en qué cantidad medida y a qué horas, además de qué no debe comer nunca. Esa información va en la tarjeta aunque parezca cotidiana, porque en una emergencia nadie en casa puede confirmarla. Un renglón claro sobre horarios evita además que tu perro reciba una comida duplicada o se quede sin su ración.
El temperamento se escribe como hechos útiles, no como consuelo. Sirve mucho más decir que le asustan las voces masculinas fuertes y que conviene agacharse y dejar que él se acerque. También ayuda advertir que tira con fuerza al ver gatos o que protege su plato y debe comer separado. Si está entrenado para usar bozal y lo lleva con calma, anótalo. Incluye qué lo tranquiliza de verdad y si puede estar alojado cerca de otros perros.
Copias, autorización y un renglón que no puede faltar
Escribe de forma explícita quién puede aprobar un tratamiento de emergencia para tu perro y cómo localizar a esa persona. Sin ese renglón, una clínica puede perder tiempo valioso tratando de obtener permiso. Deja copias impresas en tu cartera, en la guantera del carro, en la carpeta de quien lo cuida y en el refrigerador, para quien entre a tu casa.
La tarjeta se revisa cada vez que cambia un medicamento, el veterinario, el peso o un número de teléfono, y como mínimo dos veces al año. Piensa en quién la leerá: una persona desconocida, con prisa y quizá con tu perro asustado o herido al lado. Por eso las frases vagas no sirven: decir solo que es nervioso o que toma pastillas desperdicia los segundos que la tarjeta existe para ahorrar.
Identidad primero: así te localizan rápido
Abre la tarjeta con el nombre de tu perro, su raza o la mejor descripción posible, su color y sus marcas, su sexo, su edad aproximada y su peso. Imprime en la misma tarjeta una foto reciente y nítida, porque los teléfonos se quedan sin batería y las descripciones se confunden bajo presión. Justo después van tu nombre, tu celular y tu dirección.
El siguiente dato es el contacto sustituto: una persona con nombre y número, que conoce a tu perro, vive cerca y aceptó de antemano recogerlo o hablar por ti. Si esa persona viaja mucho, añade un segundo sustituto. Una tarjeta cuyo único contacto eres tú falla justo en el accidente para el que la escribiste.
Clínica, microchip y datos médicos en renglones claros
Imprime el nombre, la dirección y el teléfono de la clínica de tu veterinario habitual. Debajo coloca los datos de la clínica de urgencias o fuera de horario, porque las emergencias rara vez respetan el horario de oficina. Escribe el número completo de microchip y, si tienes seguro, el número de póliza.
Enumera las enfermedades con palabras simples: problema del corazón, convulsiones, diabetes o artritis. Lista los medicamentos actuales con cantidades y horarios copiados de su etiqueta, y destaca las alergias, sobre todo cualquier reacción conocida a un fármaco, en un lugar visible y no enterradas en un párrafo. Si tu perro necesita un manejo especial para inyecciones o revisiones, dilo también aquí. Con KinsLe, tu Pet Passport conserva en un solo paquete los registros completos que respaldan la tarjeta, así que reimprimir una versión actualizada toma minutos y no una noche buscando mensajes.