Así se ve una sesión breve al aire libre
Al llegar, deja que tu perro mire alrededor y olfatee con correa larga durante varios minutos antes de pedirle nada: orientarse no es desobedecer. Pide después una conducta fácil y muy conocida, y págala con su recompensa exterior más fuerte, sea un juego de tirar o el permiso de olfatear. Practica entonces la habilidad más nueva en su versión exterior más sencilla, un puñado de repeticiones pagadas cada vez. Cierra con olfato libre o juego, para que la sesión acabe en la nota favorita de tu perro y no en un fracaso. Y trabaja muy por debajo del umbral en el que deja de responder: si no puede aceptar una recompensa, no puede mirarte y tira hacia algo, estás demasiado cerca o pides demasiado, así que aumenta la distancia, pide algo más fácil o déjalo simplemente mirar el mundo desde una banca hasta que su cuerpo se ablande. Sesiones de unos minutos, terminadas mientras sigue interesado, superan a una sesión larga en la que la excitación sube hasta que el aprendizaje se detiene.
Descubrir la moneda: juego, acceso o contacto
Observa qué elige tu perro cuando no se le pide nada, porque las elecciones de su tiempo libre revelan su moneda de trabajo. Quien se ilumina con el juego puede cobrar en juego: diez segundos de tirar de un juguete que tú llevas, una pelota lanzada una vez o una persecución en la que él te persigue a ti. Quien vive por el entorno puede cobrar en acceso: un sentado y un momento de concentración ganan el permiso de olfatear la orilla interesante, saludar al perro conocido o correr el tramo abierto del campo. Con ese pago, la propia distracción se convierte en el premio, y el olor de la ardilla y el parche para olfatear dejan de competir contigo para empezar a trabajar para ti. El elogio y el contacto físico le pagan de verdad a algunos perros, pero compruébalo en vez de suponerlo: quien se apoya en ti y vuelve a participar tras el elogio está cobrando, y quien tolera la caricia mientras escanea el horizonte solo está siendo interrumpido.
Antes de culpar a la motivación, revisa lo obvio
Antes de rediseñar tus recompensas, descarta las explicaciones aburridas. Un perro que comió una comida grande poco antes de entrenar simplemente está lleno, así que entrena antes de las comidas y no después. Un perro que rechaza toda recompensa en todas partes, incluida su comida favorita en casa, puede estar estresado o enfermo, y un perro que ha cambiado así merece una revisión con el veterinario antes que un plan de entrenamiento. Y pon a prueba tu comida con honestidad en casa: si en el sofá apenas le interesa, nunca fue una recompensa de entrenamiento.
Lo nuevo se aprende en casa y se gasta fuera por escalones
Las conductas nuevas se aprenden donde pensar es fácil: enseña la habilidad —bases de la llamada, pasos con correa suelta, una espera tranquila, un toque de mano— en casa y en el jardín, pagada con lo que tu perro valore ahí, hasta que la ejecute con fluidez y alegría. Después llévala fuera en escalones graduales: la calle tranquila antes que el parque, el borde del parque antes que el centro, la distancia de otros perros antes que la cercanía. En cada nivel nuevo, espera que tu perro sea temporalmente peor y que tus recompensas necesiten ser mayores; ese es el impuesto del entorno, y se reduce a medida que se acostumbra. Lleva la cuenta de qué funcionó y dónde, porque la recompensa que paga en el jardín suele fallar en el parque, y el patrón entre lugares es el verdadero plan de entrenamiento. Ese menú por lugares queda en Care Teams de KinsLe a cargo de un familiar concreto, elegido por ti para cada salida, que paga a tu perro en la moneda que acepta ahí y deja cada sesión completada con la hora registrada.