El desajuste es de escala: un gatito está construyendo huesos, músculos, cerebro y defensas al mismo tiempo, y en pocas semanas multiplica su tamaño, pero su estómago sigue siendo diminuto. No puede guardar en una o dos comidas el combustible de todo ese crecimiento, y si lo fuerzas a intentarlo, lo habitual es que aparezcan heces blandas, gases o comida devuelta. La solución no es darle más por comida, sino repartir mejor el día.
Primero qué sirve, después a qué hora
El alimento debe ser específico para gatitos o para la etapa de crecimiento: concentra más calorías y proteína que el de un adulto e incorpora nutrientes como el DHA, importantes en pleno desarrollo. Deja agua fresca siempre a su alcance, en un punto separado del plato de comida. Si en algún momento cambias de marca o de fórmula, mezcla ambos alimentos de forma progresiva durante cerca de una semana para no alterar un estómago tan pequeño. Si un gatito muy joven se muestra indeciso ante el plato, entibia ligeramente su comida húmeda; al intensificarse el olor, suele aceptarla mejor. Y resiste la idea de dejar comida disponible todo el día para que pique cuando quiera: medir cada porción te permite saber cuánto comió y detectar enseguida si un día rechaza algo, información valiosísima a esta edad.
El descenso de cuatro comidas a dos
Antes de las ocho semanas, un gatito todavía mama o está aprendiendo a comer sólidos acompañado por su madre, su criador o el refugio que lo cuida. Entre las ocho y las doce semanas, cuatro comidas pequeñas de alimento para gatitos, ofrecidas a horas regulares, le dan una base sólida. De los tres a los seis meses conviene sostener tres o cuatro comidas diarias, porque el crecimiento sigue acelerado. Entre los seis y los doce meses, con un crecimiento más calmado y con la esterilización ajustando su gasto de energía, puedes bajar poco a poco hacia tres y después hacia dos comidas, que es el ritmo típico de un gato adulto. Un gatito sano, mientras tanto, sube de peso de forma constante, se siente redondeado al tacto y no huesudo, y recibe cada comida con entusiasmo; si rechaza alimento durante más de una o dos comidas, pierde peso, mantiene diarrea o se apaga entre siestas, pide orientación a tu veterinario, y con mayor razón si es huérfano o está bajo de peso, porque su plan puede necesitar ajustes a medida.
Que la última comida proteja tu noche
Cuatro comidas parecen imposibles hasta que las cuelgas de momentos que ya existen: al levantarte, a mitad del día, a media tarde y justo antes de acostarte. Esa última tiene un efecto práctico enorme: un gatito que cena antes de que te duermas rara vez despierta hambriento en plena madrugada buscando despertar a toda la casa. Si tu trabajo te deja fuera al mediodía, un comedero automático programado puede servir esa comida sin fallar, siempre que conserves las porciones constantes y revises el aparato cada semana para que una traba o una batería agotada no elimine un almuerzo sin que nadie lo note.
Cada etapa nueva mueve las preguntas: si dejó la comida del mediodía, ¿eran porciones grandes?, ¿un gatito de cinco meses ya puede pasar a tres comidas? Kimmy, dentro de KinsLe, atiende esos seguimientos y responde apoyándose en la guía de alimentación de KinsLe Answers, pensada para gatitos y no copiada de las reglas de un adulto.