Si tuvieras que quedarte con una sola medida, quédate con el reloj: una o dos comidas al día, en porciones que desaparezcan en unos dos minutos. Lo que siga flotando después de ese lapso no era hambre, era exceso, y conviene retirarlo antes de que se hunda y se descomponga entre la grava.
Un estómago del tamaño de un ojo
El estómago de un pez pequeño equivale, más o menos, a uno de sus ojos, así que sus comidas reales son diminutas. Tetras, gupis, rasboras y mollys pasan el día en su hábitat picoteando cantidades mínimas aquí y allá, no sentándose a un plato grande. Para una docena de peces pequeños, una pizca pequeña de escamas de calidad o microgránulos alcanza de sobra. Todo lo que no se come se hunde, se pudre y se convierte en amoníaco, la causa más frecuente de agua en mal estado y peces estresados en acuarios caseros. Agregar otra pizca mínima después es sencillo; rescatar un acuario lleno de comida en descomposición, en cambio, cuesta días de trabajo.
Una comida o dos: la porción manda
Para la mayoría de los peces comunitarios adultos, una buena comida diaria basta. Dos también funcionan, siempre que dividas la misma cantidad total entre la mañana y la tarde en lugar de duplicarla. Esa división imita el picoteo natural y da a los peces tímidos una segunda oportunidad de acercarse. Observa la escena mientras comen: peces activos que terminan todo antes de los dos minutos indican una porción acertada, mientras que peces que ignoran la comida o la dejan pasar están pidiendo un recorte. La frecuencia es negociable; el tamaño de la porción, no.
Ajusta el formato a cada boca
Las escamas enteras pueden ser demasiado grandes para especies diminutas como los tetras ember o las rasboras chili, así que tritúralas un poco entre los dedos para que quepan en sus bocas. A lo largo de la semana, alterna dos o tres alimentos básicos: escamas un día, microgránulos al siguiente y un premio congelado, como dafnias o artemia, una o dos veces por semana. Esa variedad cubre los huecos nutricionales que deja cualquier alimento único, y los colores de los peces lo reflejan. Descongela siempre lo congelado en un vasito con agua del acuario antes de agregarlo, y respeta el límite de dos minutos aunque el grupo parezca pedírtelo todo.
Los del fondo comen aparte, y de noche
Coridoras, lochas y peces que se alimentan de algas no pueden sostenerse con lo que casualmente baja. Dentro de la misma regla, deja caer una oblea o un gránulo que se hunda cerca del momento en que se apagan las luces, cuando ellos están activos y los de la superficie ya bajan el ritmo. A la mañana siguiente retira lo que nadie tocó. Ese gesto breve evita que la capa inferior del acuario viva de sobras mientras la superior se da un festín diario.
El problema de las tres comidas sorpresa
El mayor exceso rara vez viene de una porción grande: viene de tres personas bien intencionadas que alimentan porque cada una supuso que nadie lo había hecho. También ayuda dejar un día de pausa semanal para la mayoría de los adultos sanos y alimentar con más ligereza los acuarios nuevos, de menos de seis semanas, mientras el filtro biológico madura. Si las pruebas muestran amoníaco o nitrito en aumento, o las algas se disparan, reduce antes de buscar otra explicación. Y si un pez se apaga, deja de comer o respira en la superficie, revisa el agua primero y consulta pronto a un especialista acuático o a un veterinario, porque esos signos hablan de agua o de salud, no de horario. Cuando cada comida tiene dueño y queda marcada como hecha, la regla de los dos minutos sobrevive incluso a los ayudantes más entusiastas, gracias a que Care Teams de KinsLe pone las comidas de la mañana y de la tarde bajo responsables distintos y visibles para toda la casa.