Si el viaje sale adelante, el final manda sobre el principio: monta y llena primero el tanque de destino, pon en marcha la filtración y la calefacción y solo entonces abre las bolsas. Deja flotar las bolsas selladas de quince a veinte minutos para igualar la temperatura antes de abrirlas. Pasa los peces al tanque y descarta el agua de la bolsa en lugar de verter sus desechos en la instalación limpia. Un pez sano y resistente, movido con cuidado durante unas horas, suele viajar mejor de lo que su familia teme, aunque eso no convierte cualquier viaje en una buena idea.
Decide si el viaje merece la pena
Antes de embolsar nada, respóndete tres preguntas con honestidad. La primera es si en el destino espera un tanque ya ciclado o al menos una instalación preparada con agua declorada y a la temperatura adecuada. La segunda es si este pez concreto soporta horas de oscuridad, vibración y cambios de temperatura. La tercera es si una persona capaz podría simplemente cuidarlo en casa. Para unas vacaciones, quedarse en casa casi siempre gana, mientras que en una mudanza el viaje puede ser inevitable, y los peces delicados, muy grandes, agresivos o ya enfermos, junto con los trayectos de un día completo con escala nocturna y sin tanque listo al otro extremo, piden otro plan. Ten presente además que para los peces mascota no hay vacunas ni documentos de viaje, porque la preparación que importa es el agua, el oxígeno y la temperatura, no el papeleo.
El ayuno y las bolsas
Deja de alimentar a los peces veinticuatro horas antes de salir, y así los desechos dentro de la bolsa se quedan bajos, porque el amoníaco sube rápido en un volumen pequeño de agua. Usa bolsas fuertes para peces, con doble bolsa, llenas con cerca de un tercio de agua limpia del tanque y dos tercios de aire. Para trayectos más largos, el oxígeno puro de una tienda de acuariofilia vale la pena y conviene organizarlo cuando el viaje pase de unas pocas horas. Sella dejando el menor espacio posible para el chapoteo, coloca un pez por bolsa si es espinoso, grande o agresivo y pon las bolsas en vertical dentro de una caja aislada o una hielera, acolchadas para que no puedan rodar, porque la oscuridad calma a los peces y frena su metabolismo, así que cierra la caja y déjala cerrada.
Temperatura estable durante el camino
Apoya la caja sobre una superficie plana, fuera del sol directo y lejos de las salidas del aire acondicionado y de la calefacción. Busca estabilidad y no una cifra perfecta, porque los vaivenes repetidos dañan más que una deriva de uno o dos grados. En los viajes más largos ayudan las bombas de aire a batería y las bolsas de calor diseñadas para transportar animales, usadas según las indicaciones de sus fabricantes.
La primera semana al llegar
Alimenta con ligereza al día siguiente, no la noche de la llegada. Observa de cerca durante una semana, porque tras un viaje los puntos blancos, las aletas pegadas, el jadeo o la negativa a comer merecen consejo rápido de un especialista en acuariofilia o un veterinario. Las plantas, los caracoles y los demás compañeros necesitan la misma reflexión, y nunca transportes peces en un cubo de agua suelta que se agite, se enfríe y se derrame en la primera curva. Si al responder esas preguntas concluyes que cuidarlos en casa es lo más amable, KinsLe Care Pass lo vuelve práctico con un enlace temporal, limitado a las instrucciones de cuidado, que la persona que los atienda abre sin cuenta ni aplicación y que contiene tus cantidades de comida, tu calendario de cambios de agua y tus notas de equipo.