Antes de enamorarte de la calma que promete, cuenta su costo más evidente: un gallo canta desde antes del amanecer. Y no canta solo al alba, sino a intervalos durante el día, en respuesta a otros gallos, a vehículos y a sus propias opiniones, sin que ningún entrenamiento lo detenga de forma confiable.
Calma sin arrepentimientos, con gallo o sin él
Si decides seguir adelante, preséntalo como a cualquier ave nueva, con un periodo de separación donde el grupo pueda verlo sin alcanzarlo, lo que protege a tus gallinas de lo que él pudiera traer y deja que el drama ocurra a través del alambre. Elige, cuando puedas, un ave adulta cuyo temperamento ya se conoce, o un gallo joven de origen tranquilo. Y maneja la rutina del grupo para que aprenda que las personas no son rivales: movimientos tranquilos alrededor de las gallinas, nada de persecuciones y alimento esparcido en una zona amplia para que él pueda cumplir su papel de llamar a comer. Si tu único objetivo son gallinas más calmadas y el canto es imposible donde vives, trabaja primero las causas del estrés del grupo. Más espacio, al menos dos estaciones de comida y agua, perchas y lugares para bañarse en polvo y retirar por unos días a una gallina acosadora persistente para reiniciar el orden resuelven muchas disputas sin ningún gallo. La respuesta honesta, entonces, es que a menudo sí aporta calma, pero no siempre, y la balanza depende de tus gallinas, de tus vecinos y de tus normas locales.
El trabajo diario que sí hace un buen gallo
Un gallo asentado trabaja como vigía, llamador y árbitro. Las gallinas comen más relajadas con la cabeza baja cuando alguien más vigila el cielo, y ese es su puesto: él observa mientras el grupo escarba. Tiene llamadas de alarma distintas, porque un aviso agudo ante una amenaza desde arriba manda a las gallinas corriendo a cubrirse, mientras que un aviso a ras de suelo las reúne y lo pone a él entre el grupo y el peligro. También llama a las gallinas a comer con una llamada rápida, dejando caer y recogiendo un bocado escogido para mostrarles dónde comer, lo que reparte al grupo sobre el alimento en lugar de amontonarlo en disputas por un solo punto. Además interviene en las disputas entre gallinas y mantiene unido al grupo, así que el forcejeo por el rango que un grupo de solo gallinas resuelve entre sí a menudo se aquieta. Un efecto extra que muchas personas desean de todos modos es que solo un grupo con gallo produce huevos fértiles, si alguna vez entra en tus planes incubar tus propios pollitos.
Lo que cobra a cambio: temperamento, gallinas y normas
Su temperamento es una apuesta que solo se define cuando un macho joven madura: un gallo manejable a los cuatro meses puede convertirse en un ave que desafía a las personas, se lanza contra los niños o pelea a través de las cercas, y un gallo agresivo es un problema real de seguridad y no un rasgo de carácter. Su atención también recae sobre las gallinas, porque se aparea con frecuencia y las favoritas de un grupo pequeño pueden terminar con el lomo desnudo y raspado y las plumas de la cabeza dañadas por sus patas y su pico. Ese desgaste se reduce manteniendo suficientes gallinas por gallo, en torno a ocho a doce gallinas como rango recomendado habitualmente, revisando los lomos con regularidad y separando a cualquier ave que se esté desgastando. Y la norma puede decidir por ti, porque muchos pueblos y zonas residenciales que permiten gallinas prohíben los gallos directamente por el ruido, y los reglamentos de vivienda pueden hacer lo mismo, así que revisa las reglas antes de encariñarte con un ave en concreto. Con la hora de cada revisión anotada en Care Teams de KinsLe, tu pareja se encarga de la revisión diaria del grupo, de mirar los lomos de las gallinas y de recoger los huevos.