No toda el agua fuera del tanque significa cristal roto, y tomarte un minuto para ubicar su origen puede cambiar por completo el tamaño de la emergencia.
Dos falsas alarmas que conviene descartar primero
Con el tanque ya vacío y seguro, colócalo sobre una superficie nivelada al aire libre o dentro de una bañera e inspecciónalo con calma. La condensación que escurre desde una tapa floja y una conexión del filtro con fuga son las dos falsas alarmas más alegres: revisa ambas antes de dar el cristal por perdido. Si de verdad hay una unión de silicón que supura en un tanque pequeño, una persona con experiencia puede recortarla y resellarla, dejar que cure por completo y probar el tanque con agua afuera durante un día entero antes de que vuelva a recibir peces.
Electricidad y suelo: en la práctica, esto va primero
Mantén manos y pies secos cerca de contactos y extensiones, y apaga el calentador, el filtro, las luces y la bomba de aire en el contacto de la pared antes de tocar el agua. Extiende toallas o mantas para contener la expansión y proteger el piso. Localiza más o menos por dónde sale el agua: una gota alta en una unión puede permitirte simplemente bajar el nivel con una manguera hacia cubetas hasta dejarlo por debajo de la fuga, lo que a menudo detiene la salida y compra tiempo sin prisa. Si el agua corre desde abajo o el cristal está agrietado, el nivel no te salvará y toca sacar a los peces enseguida.
Trasladar a los peces sin cambiarles el agua
Llena un recipiente de plástico limpio y apto para alimentos, o una cubeta resistente, con agua tomada del propio tanque; nunca uses agua fresca de la llave, que golpearía a los peces con un cambio de temperatura y de química. Atrápalos con suavidad con una red suave o, mejor, guíalos hacia una jarra sumergida, y pásalos al recipiente. Mueve también caracoles, camarones y cualquier planta suelta. Si tienes una bomba de aire a baterías, úsala en el recipiente; si no, coloca ahí la bomba del tanque una vez que esté a salvo del agua. Lo más importante: mantén el material filtrante húmedo en una cubeta con agua del tanque, porque las bacterias que viven en él son tu ciclo, y si se secan o quedan en agua con cloro, un tanque reparado se convierte en uno sin ciclar y la emergencia se repite en forma química.
Resellar, reparar o sustituir el tanque
El cristal agrietado, una lámina que se arquea o una unión que falla en un tanque grande significan sustitución: la presión del agua que encontró la debilidad una vez volverá a encontrar un parche apresurado, normalmente de noche. No confíes en parchar un tanque lleno. La decisión honesta entre resellar y cambiar protege más que cualquier arreglo rápido hecho con el agua todavía dentro.
El regreso de los peces y la prevención de la secuela
Devuelve los peces flotando como tras cualquier traslado, igualando la temperatura poco a poco, y prueba el agua a diario durante unos días, porque la grava removida y un filtro estresado pueden provocar una pequeña subida de amoníaco. Después mira el mueble: los tanques gotean más a menudo por estar desnivelados o torcidos sobre un soporte irregular que por vejez, así que nivela el reemplazo, deja una toalla y una bomba a baterías al alcance y crea el hábito de pasar un dedo seco por las uniones en cada cambio de agua. Ese hábito semanal gana fiabilidad con el nombre del adulto de la casa responsable escrito junto a la revisión de uniones, soporte y equipo en Care Teams de KinsLe, pues solo consta como hecha cuando se marca con la hora registrada, así que la próxima supuración aparecerá cuando todavía sea solo una gota.