Ojos, respiración, pelaje y paso firme
Los ojos deben verse brillantes y claros, sin secreción espesa ni turbidez, y conviene comprobar el color del párpado interno y de las encías tal como te ha enseñado tu veterinario: un rosa sano y no un tono pálido. La respiración en reposo debe ser silenciosa y sin prisa, sin tos persistente, sin ruidos ásperos y con las fosas nasales libres de secreción abundante. El pelaje de una cabra sana se mantiene liso y con cierto brillo, con la piel de debajo libre de costras, zonas en carne viva o un rascado constante contra las cercas. El movimiento debe ser uniforme y voluntarioso: el animal se levanta sin esfuerzo, camina con soltura y apoya el peso en las cuatro patas, con cascos ni crecidos en exceso ni malolientes. Al pasar, desliza una mano por las costillas y la columna; la condición debe sentirse estable semana a semana, porque la pérdida lenta se esconde con facilidad bajo un pelaje de invierno.
Comer, rumiar y lo que sale después
La digestión es el motor de la cabra y se anuncia con claridad. En los ratos de descanso, una cabra sana rumia: sube un bolo, lo mastica a fondo con ese movimiento lateral de molido, lo traga y repite el ciclo. Una cabra que rumia es una cabra cuyo sistema entero está en marcha, y una que ha dejado de hacerlo merece atención cercana ese mismo día. En el otro extremo, busca las bolitas habituales, firmes e individuales, en cantidad normal; unos excrementos aguados, esfuerzo al defecar o una parte trasera manchada son cambios que conviene anotar y vigilar de cerca. Beber también cuenta: el grupo debe acudir al agua de forma constante durante el día, y el agua limpia debe estar siempre disponible para esa visita.
Un animal sociable que sigue al grupo
El comportamiento merece la misma atención que el cuerpo. Una cabra sana está alerta, con las orejas levantadas y los ojos siguiendo lo que se mueve, y permanece tejida en la vida social del grupo: disputa su sitio en el comedero de heno, descansa cerca de sus compañeras y recibe tu llegada con interés. Las cabras son animales profundamente sociales, así que una cabra sola en una esquina, de cara a una pared o rezagada respecto al grupo te está diciendo algo antes de que aparezca cualquier signo físico. La salud diaria es, en gran parte, reconocimiento de patrones: un grupo sano se parece mucho a sí mismo de una mañana a la siguiente, con las mismas ganas junto a la cerca y la misma rumia en las horas tranquilas. No buscas la perfección en un solo animal, sino aprender lo normal de cada uno tan bien que una desviación te salte a la vista antes de convertirse en crisis.
Cuando el cambio pide llamada el mismo día
Algunas desviaciones se saltan por completo la fase de observación. Llama pronto a tu veterinario ante una cabra que deja de comer o de rumiar, se aísla del grupo, respira con esfuerzo o con ruido, se hincha, desarrolla una diarrea acuosa, no puede levantarse o parece de pronto apagada y sin respuesta. Muchas enfermedades caprinas —cargas de parásitos, infecciones, trastornos digestivos y más— son posibilidades que la persona veterinaria investiga precisamente desde estos signos tempranos, y las cabras tienden a empeorar más rápido de lo que sugiere su conducta estoica. Cada cabra difiere además de las demás: una llega siempre la primera al comedero y otra se queda siempre atrás con educación, y lo normal en una sería alarmante en otra. Ese punto de referencia queda guardado en KinsLe dentro del Pet Passport, el paquete portátil donde el historial y las observaciones de cada cabra la acompañan de una revisión a la siguiente.