Que sobre un poco de heno no es, por sí solo, motivo de alarma. Los caballos son selectivos por naturaleza: recorren la ración, se comen las partes hojosas y suaves y abandonan los tallos más bastos. La señal de alerta aparece cuando las sobras son abundantes y constantes, o cuando el hábito empieza de un día para otro. Ahí los sospechosos habituales son tres: mala calidad del heno, molestia en la boca o una ración simplemente excesiva.
Tres pasos para investigar las sobras
Primero, pesa durante varios días lo que sirves y lo que queda; los números reales separan la impresión de la evidencia. Segundo, prueba con una porción de otra paca o de otro corte para comprobar si el rechazo sigue al heno o sigue al caballo. Tercero, obsérvalo comer desde cierta distancia: si deja caer bolos de heno a medio masticar, ladea la cabeza al masticar o come con lentitud inusual, la pista apunta a la boca. Apunta también cuándo empezó el cambio, porque un rechazo que coincide con la llegada del nuevo cargamento cuenta una historia muy distinta a uno que avanza desde hace un mes.
Lo que las sobras dicen de su boca
Fíjate en qué queda, no solo en cuánto. Si lo abandonado son tallos gruesos, está seleccionando, algo normal aunque revele un heno más basto de lo ideal. Si deja heno suave y de buen aspecto, o suelta esos bolos masticados conocidos como quidding, sospecha de los dientes: puntas de esmalte afiladas, una pieza floja o llagas en la boca hacen dolorosa la masticación. Los caballos con problemas dentales también comen despacio, inclinan la cabeza y tiran grano al suelo. Quien antes limpiaba el comedero y de pronto no lo hace, sobre todo si pierde peso, necesita una revisión dental y no una espera a ver qué pasa.
Cuando el culpable es el propio heno
Los caballos rechazan el heno por buenas razones. El que tiene moho, exceso de polvo u olor a humedad les huele mal mucho antes de que tú lo notes, y las pacas del año pasado, blanqueadas y mojadas por la lluvia, pueden resultar tan poco apetecibles que el animal prefiere pasar hambre. Abre una paca y compruébala: debe oler fresco y dulce, no a cerrado, y no debe soltar una nube de polvo al sacudirla. Si de repente todos los caballos del establo dejan heno, sospecha del cargamento y no de los animales. Y considera el exceso simple: a quien le ofrecen veinte libras necesitando quince, siempre le sobrarán cinco.
Lo que nunca debes hacer
Jamás obligues a tu caballo a comerse el heno rechazado retirándole la comida fresca, porque si el problema es el moho, comerlo es peor que no comer. El heno mohoso puede provocar problemas respiratorios como el asma equina, además de trastornos digestivos. Si el rechazo viene acompañado de decaimiento, ausencia de estiércol o señales de cólico, llama a tu veterinario sin demora.
Notas que llegan vivas a la consulta
Los cambios de alimentación dicen mucho más cuando viven junto al historial de salud. El Pet Passport de KinsLe reúne vacunas, medicamentos, alergias y documentos de tu caballo, y en esa misma carpeta tu veterinario puede leer durante la cita dental los pesos fechados del heno y tus notas sobre el rechazo, junto a los hallazgos dentales más recientes, antes de decidir si unos dientes adoloridos explican las sobras.